Proyecto de empresa

Por José María Garrido Juango

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Las grandes cuestiones del empresario de la PYME Agroalimentaria suelen ser bastante recurrentes.

En la entrada Solo de inversión y nuevos mercados no se vive ya señalábamos que, en general, el sector Agroalimentario español goza de buena salud gracias a la realización de importantes inversiones en medios productivos, la internacionalización y apertura de nuevos mercados, unos productos muy apreciados, y un nivel de competitividad muy interesante cuando se ha accedido al exterior, fruto del esfuerzo y la gran capacidad de trabajo de los empresarios y de sus equipos.

Esto quiere decir que, en muchos casos, se está viviendo una verdadera crisis de crecimiento, en la que el funcionamiento interno, la cultura instalada, y una gestión poco adaptada a los nuevos tiempos constituyen el verdadero talón de Aquiles de muchas empresas agroalimentarias.

Es por ello por lo que las grandes cuestiones a las que se enfrenta el pequeño y mediano empresario suelen ser del tipo:

  • “Sé a dónde quiero llegar, pero no sé cómo hacerlo”
  • “Necesito saber cómo crecer de forma racional”
  • “Quiero delegar sin volverme loco”
  • “La actitud innovadora es muy difícil de inculcar en las personas que no creen en ello”

Sin embargo, el principio de las respuestas a estas preguntas están en el propio empresario o, mejor dicho, en su Proyecto de Empresa.

 

El Proyecto de Empresa

Decíamos en la entrada anterior que el Propósito (o ambición íntima del empresario) se desarrolla en el Proyecto y se materializa con Capital (dinero). Por tanto, Proyecto + Capital, a través de la Iniciativa Emprendedora del empresario, son los que hacen pasar la Idea (un sueño) a algo tangible y concreto: la Empresa.

La empresa es una realidad económica configurada en un Proyecto

El Proyecto es lo que da sentido y forma la empresa. Es su esencia misma y, por extensión, la manifestación de la esencia del empresario como tal.

Pero, ¿cuáles son los componentes esenciales de un Proyecto de empresa?

Proyecto de empresa

 

Por un lado, en el Proyecto se define la naturaleza de las relaciones entre la propia empresa y sus ya clásicos 4 entornos (o grupos de interés) de intercambio de valor:

  1. Los Clientes (y por extensión, los proveedores), o sea, el ciclo de negocio
  2. Los Accionistas
  3. Los Empleados
  4. La Sociedad

Es aquí donde se ponen en juego elementos tan esenciales como los principios o valores.

Por otro lado, el Proyecto también se define por lo que podemos llamar sus dos dimensiones:

  1. La Visión, o ambición a largo plazo
  2. La Orientación
    • hacia el Valor
    • hacia el Beneficio

 

Los intercambios de valor

Veamos, en primer lugar, las características básicas de cada uno de esos intercambios de valor.

 

El intercambio de valor con el Cliente

  1. El (futuro) cliente tiene una necesidad que llega a conocimiento de la empresa.
  2. La empresa le hace una propuesta de valor para satisfacer esa necesidad mejor que otros, a un precio determinado.
  3. El cliente acepta la oferta.
  4. La empresa pone en marcha el ciclo de negocio: con unas materias primas, infraestructuras y materiales aplica conocimientos y medios de todo tipo para producir el producto (un bien + un servicio) y se lo entrega al cliente en las condiciones acordadas.
  5. El cliente reconoce el valor del producto aportado (valor para el cliente) y paga el precio estipulado (valor para la empresa), presumiblemente superior a los costes incurridos en producirlo.
  6. El cliente queda satisfecho, y el ciclo recomienza.

En el caso del Proveedor, el ciclo de intercambio es el mismo, aunque en este caso la empresa actúa como cliente.

 

El intercambio de valor con el Accionista

  1. La empresa, inicialmente y a lo largo de su existencia, necesita dinero: capital, circulante, etc.
  2. Los accionistas se lo proporcionan en un modelo de relación en principio más estable y comprometido que los bancos: valor para la empresa.
  3. La empresa realiza su ciclo de negocio, se propone metas de diversa índole y las alcanza:
    • Logra beneficios
    • Aumenta su valor en el entorno financiero
  4. Los accionistas consiguen el retorno de su inversión en base a un doble valor:
    • Reciben parte de los beneficios
    • Sus acciones valen más

 

El intercambio de valor con la Sociedad

  1. La empresa necesita infraestructuras, energía, personas con un nivel de conocimientos y capacidades, seguridad física y jurídica, una cultura de responsabilidad y trabajo, etc.
  2. La sociedad se los proporciona: valor para la empresa.
  3. La sociedad necesita dinero, desarrollo, conocimientos, trabajo para sus ciudadanos, notoriedad en el mundo, etc.
  4. La empresa se los proporciona invirtiendo, pagando impuestos, creando empleo, aportando sus conocimientos y los de sus empleados, formándolos, llevando en sus productos la imagen del lugar…: valor para la sociedad.

 

El intercambio de valor con el Empleado

En el caso del Empleado… la cosa es un poco más compleja. Podemos distinguir dos niveles de intercambio de valor.

Nivel 1

  1. La empresa, para satisfacer la necesidad del cliente, necesita un trabajador con determinadas cualidades y conocimientos.
  2. El trabajador se ofrece haciendo su específica oferta de valor: “Yo sé hacer lo que tú necesitas, y lo hago bien”.
  3. Acuerdan el trabajo a realizar, las condiciones y el precio/salario.
  4. El trabajador se incorpora, y realiza el trabajo en las condiciones pactadas, que responden a la necesidad de la empresa: valor para la empresa.
  5. La empresa le paga, y le ofrece un entorno y una estructura ordenados, unas normas internas a las que atenerse, y seguridad de diferente índole: física, económica, jurídica: valor para el empleado.
  6. Dependiendo del contrato laboral, el ciclo se perpetua de forma indefinida, o a veces termina y vuelve a empezar.

Nivel 2

El  trabajador siente y manifiesta ciertas necesidades y ambiciones más allá del pacto económico

Sin embargo, los empleados son algo más que un recurso para la empresa. Son personas con consciencia de tales,  seres humanos que llegan a la empresa con aspiraciones personales, y un complejo bagaje adquirido a lo largo de su vida (educación, experiencia), todo ello articulado en torno a su propia imagen de sí mismos. Por todo ello, el  trabajador siente y manifiesta (aunque muchas veces de manera poco explícita) ciertas necesidades y ambiciones más allá del pacto económico.

  1. El trabajador aspira a estar informado, ser escuchado, aplicar sus conocimientos y adquirir nuevos, trabajar con autonomía, tomar decisiones, asumir riesgos, aportar iniciativas e innovaciones, a hacer carrera profesional, a ser reconocido, … o sea, a ser alguien en la empresa (y en la sociedad a través de ella) y a desarrollar y mejorar sus capacidades
  2. La empresa le da la oportunidad de satisfacer esas necesidades, ofreciéndole un ámbito de actuación adecuado: sus objetivos, problemas, desafíos, proyectos,…
  3. El trabajador hace su aportación a nivel de sus cualidades, desarrolla sus capacidades y satisface su necesidad de “ser alguien”: valor para el empleado.
  4. La empresa recibe información, conocimiento, toma de decisiones, iniciativas, asunción de responsabilidades, liderazgos, logros, implicación en objetivos… a un nivel claramente superior al que recibiría en el primer grado: valor para la empresa, porque la hace más competitiva (tanto más cuanto más cambiante y difícil sean las circunstancias en que se mueve).

 

Enfoques e intereses en los intercambios de valor

En los cuatro ciclos de intercambio de valor ambas partes (Empresa, por un lado, y Clientes, Accionistas, Empleados y Sociedad, por otro) esperan que la relación se perpetúe y se convierta en continuada y mutuamente beneficiosa.

Pero los ciclos parten de enfoques y responden a intereses muy diferentes.

Para el Cliente,  la empresa le entrega el bien/servicio que precisa, a un precio convenido. Lo que la empresa haga con sus empleados, con la sociedad o con los accionistas no suele estar en el centro de sus preocupaciones… aunque es indudable que, en el mundo occidental, la presión de algunos clientes y, sobre todo, de los consumidores en temas relativos a la denominada Responsabilidad Social Empresarial (impacto medioambiental, condiciones laborales, transparencia en la gestión) van tomando cada día más fuerza.

Para el Accionista, la empresa es el lugar en el que obtienen el beneficio de su inversión; no se interesan por el ciclo de negocio como tal, sino por su resultado. En cuanto al ciclo de los empleados y la sociedad, lo que les importan es que no creen problemas y no sean obstáculo para el logro del máximo beneficio.

Para la Sociedad, la empresa es la principal fuente de ingresos (impuestos), proveedora de puestos de trabajo y generadora de riqueza, por lo que su interés es que los resultados del negocio sean lo más positivos posible. En relación a empleados y accionistas, la Administración Pública, como representante de esa Sociedad, vela por el cumplimiento de las leyes.

Para el Empleado, la empresa es el lugar donde trabaja, cobra y realiza una parte importante de sus aspiraciones. Lo que haga la empresa con los accionistas o con la sociedad no suele formar parte de sus preocupaciones. En cuanto a los Clientes, habitualmente depende de la cultura de la Calidad imperante en la empresa. Y en cuanto a los resultados… tampoco suele ser habitual que se preocupen por ellos, en parte porque los desconocen, y en parte porque reciben el mensaje de que “no son cosa suya” y sus retribuciones no suelen estar vinculadas a ellos.

 

El necesario equilibrio

Los cuatro ciclos de intercambio de valor, por tanto, parten de enfoques y responden a intereses muy diferentes. A pesar de ello están muy relacionados entre sí, de forma que ninguno de ellos puede prosperar a largo plazo si los otros tres no lo hacen también.

Mantener ese equilibrio no es tarea fácil, porque lo que es valioso para un entorno puede entrar, al menos en apariencia, en conflicto con lo que es para otro. Si se da prioridad excesiva a uno de ellos en detrimento de otro u otros el equilibrio se resiente y aparecen efectos contraproducentes: el que no recibe “lo suyo” protesta a su manera y se convierte en obstáculo para el desarrollo y los beneficios globales de la empresa. El cliente insatisfecho deja de comprar el producto y la deja sin ingresos. El empleado descontento puede generar conflictos o dejar de aportar a la empresa todo aquello de que es capaz. La sociedad disconforme con comportamientos poco legales puede imponerle costosas sanciones. Y el accionista frustrado en sus expectativas la abandona, cortándole las vías de financiación que necesita para desarrollarse o haciendo bajar el interés del mercado por sus acciones.

 

 

 

Por el momento, vamos a dejarlo aquí. En una próxima entrada te hablaré de las opciones que tienes tú, como empresario, a la hora de decidir el enfoque a dar a tu Proyecto de empresa.

Será una buena oportunidad para que reflexiones sobre el camino a seguir.

Es un camino no exento de dificultades, pero de la decisión que tomes puede depender el futuro de tu empresa en un mundo tan incierto como el que estamos viviendo hoy.

Y en posteriores entradas iré desgranándote el modelo de  Gestión empresarial al que puedes encaminarte para consolidar ese camino.

Como te prometí, este es tu blog como empresario del sector Agroalimentario: Nuevos Tiempos, Nuevos Retos para la Empresa Agroalimentaria.

Por eso, ahora te pregunto:

¿Qué opinas de todo lo anterior? ¿Estás de acuerdo o en desacuerdo? ¿Qué quieres puntualizar?

Ahí abajo tienes la posibilidad de aportar tus comentarios; sean del signo que sean, ¡siempre son bienvenidos!

  • Jose María, trabajo en la Administración Regional en Jefatura de Servicio de Industrias Agroalimentarias de la Región de Murcia. Me puedo sentir un privilegiado ya que mi contacto con el empresario es personal y suscribo cada una una de las caracterizaciones del empresario de las PYME. Enhorabuena por el trabajo que estas realizando. Me tienes a tu disposición para compartir experiencias sobre este sector tan apasionante. Algo muy importante que nos olvidamos, detrás de una PYME hay un grupo de personas, en muchos casos una familia que han apostado todos sus esfuerzos en desarrollar una idea, un proyecto.

    • Así es, Facundo. La iniciativa emprendedora que muchas personas llevan en lo más profundo de su ser se manifiesta, y toman la decisión de iniciar un proyecto apasionante, pero plagado de muchísimas dificultades. Una de esas dificultades que tiene el emprendedor es CÓMO avanzar y crecer. Tienen ideas, tienen mercado, tienen clientes, pero las necesidades van creciendo y lo habitual es que no sepan cómo llevarlas adelante de una manera racional y controlada. Todo esto, unido a la soledad del empresario, hace que vivan en la angustia y en la incertidumbre. Es la falta de conocimiento sobre lo que podemos llamar «el Arte de la Gerencia Agroalimentaria».
      Este blog trata de darles alguna claves sobre cómo hacerlo. Y mi propia actividad profesional se centra en ayudarles para que puedan vivir más tranquilos, más seguros y con una mejor calidad de vida. Su preocupación debería limitarse (y ya es bastante) en cuidar a sus clientes, a sus empleados, y a pensar en el futuro; la gestión de la empresa puede pasar a un segundo plano si se establecen los medios, las sistemáticas y las herramientas adaptadas a cada situación, para que él se sienta seguro de que todo está controlado y fluyendo de una manera efectiva (eficaz y eficiente).
      Muchas gracias por tu comentario, y tomo nota para tener una conversación contigo y compartir experiencias

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