Cuando los equipos tienen dificultades para obtener los resultados esperados, la tendencia que solemos tener es dotarles de más medios, más herramientas o aumentar el control sobre ellos.
Pero los problemas de funcionamiento a menudo son problemas de coordinación.
En muchas ocasiones, puedes obtener mayores beneficios rediseñando la forma en la que las personas trabajan juntas, no tanto en la tecnología que utilizan.
Aquí te doy unas pistas sobre aspectos en los que deberías concéntrate.
Ten muy en cuenta la familiaridad en el seno del equipo. Los equipos que han trabajado juntos antes se comunican más rápido, anticipan los problemas antes y se mantienen más tranquilos bajo presión. Para trabajos de alto riesgo o impredecibles, combina intencionadamente personas con experiencia compartida. No necesitas equipos rígidos, pero debes tratar la familiaridad como una ventaja operativa en lugar de dejarla al azar.
Equilibra continuidad y nuevas perspectivas. Mantener juntas a las mismas personas para siempre puede limitar el aprendizaje y los resultados. Rota a los miembros del equipo de forma selectiva para que los empleados experimenten diferentes estilos y enfoques de trabajo. El objetivo sería mantener núcleos estables junto a una cierta flexibilidad: estabilizar la coherencia en las funciones clave y al mismo tiempo introducir suficiente variedad para difundir el conocimiento y mejorar la adaptabilidad.
Construye equipos equilibrados por género (hombres/mujeres). La composición del equipo da forma al modo en que las personas se comunican y resuelven conflictos. Los equipos mixtos, particularmente aquellos equilibrados dentro de los distintos niveles jerárquicos, manifiestan interacciones más fluidas de enseñanza/aprendizaje y una comunicación entre roles más efectiva. Al diseñar equipos, valora cómo las diferentes perspectivas y estilos de trabajo afectan el desempeño, en lugar de sólo abordar su composición como algo puramente logístico.

