
Los jóvenes españoles triplican la brecha con la media de la OCDE en matemáticas y comprensión lectora respecto a la generación de la EGB.
Un informe de la Fundación BBVA y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (Ivie) sobre datos de 2025 revela que los españoles de entre 25 y 34 años están tres veces más rezagados en competencias básicas —comprensión lectora, resolución de problemas y matemáticas— respecto a la media de la OCDE que las personas de entre 55 y 65 años, formadas bajo el modelo de la EGB. Según los datos del PIAAC, España ocupa una de las últimas posiciones en los tres ámbitos: en lectura obtiene una media de 247 frente a los 260 de la OCDE; en matemáticas, 250 frente a 263; y en resolución de problemas, 241 frente a 251.
De hecho, las personas de entre 55 y 65 años logran competencias iguales o incluso superiores a las de sus coetáneos en otros países cuando se comparan niveles de estudio equivalentes. En cambio, las cohortes más jóvenes quedan por debajo de la media internacional. Toda la ampliación de la brecha puede atribuirse, según el informe, a una pérdida de calidad formativa pública.
Y la pregunta que me hago es: ¿por qué nuestros políticos (nacionales y autonómicos) no hablan de esto? ¿Dónde está la responsabilidad?
Si la educación pública fuera un negocio privado, los inversores exigirían un cambio de liderazgo y tal vez del propio modelo de negocio. Los inversores están interesados en los clientes (Peter Drucker señaló que si se pretende gestionar un negocio, es necesario tener un cliente). Me parece que los clientes aquí son los padres y los estudiantes. La satisfacción o el éxito de esos clientes reside en una educación que les ofrezca la capacidad de llevar una vida independiente y exitosa, ya sea como empleado por cuenta ajena, como emprendedor, en la administración, en el comercio, como autónomo o donde sea. Esto es especialmente importante porque no creo que un título universitario sea tan crucial como solía serlo antes. Necesitamos más fontaneros que economistas, más soldadores que analistas.
Si todo el mundo merece una atención sanitaria de calidad, que también es esencial, ¿no merecen todos los niños y sus padres una educación de calidad? Este, como tantos otros, no debería ser un tema politizado ni mucho menos polarizador. Lo mismo que ocurre, verano tras verano, con las olas de incendios que arrasan nuestro país, o la negación de algunos de la realidad del cambio climático. (Una de los «lemas» que más me irritan cuando lo recuerdo es el «Drill, baby, drill» de Trump en su última campaña electoral). Aunque soy consciente de que estoy “predicando en el desierto”.
En cualquier caso, todos tenemos un futuro deseado, que depende en gran medida de nuestras necesidades y decisiones actuales. Si continuamos «dando patadas a la pelota hacia delante» en el camino, posiblemente llegaremos al final del camino con sólo una pelota.

“La educación es el arma más poderosa que puedes utilizar para cambiar el mundo.” —Nelson Mandela
“La educación no es preparación para la vida; la educación es la vida misma.” —John Dewey

