Tu capacidad para mantenerte motivado y perseverar depende en parte de tus circunstancias: las personas que te rodean, tu entorno físico y tu cultura laboral pueden influir en tu forma de pensar y de comportarte.
Así pues, cuando tengas dificultades para trabajar con la eficacia adecuada no asumas automáticamente que necesitas más fuerza de voluntad.
En lugar de eso, empieza a preguntarte cómo puedes cambiar tu situación.
Controla lo controlable. Diferencia entre las partes de tu entorno de trabajo que no puedes cambiar de las que sí puedes. Dale una vuelta a temas como los equipos y proyectos a los que te ofreces voluntario, con qué colegas pasas tiempo y por qué relaciones apuestas. Concentra tu energía en los factores en los que sí puedes influir.
Acomoda tu espacio. Elimina las distracciones que desvíen tu atención del trabajo que realmente importa. También, añade recordatorios que refuercen los pensamientos y comportamientos que quieres practicar. Sé consciente de lo que ves y a lo que prestas atención a lo largo del día.
Encuentra a tu gente. Busca compañeros y mentores que te generen confianza y que te ayuden a aprender y a progresar. Mira más allá de tu lugar de trabajo inmediato si es necesario para encontrar personas que puedan apoyarte en tus objetivos.
Elige y da forma a tu cultura laboral. Puedes influir en la cultura de tu equipo a través de tu forma de presentarte ante ellos cada día. Cuando tengas más libertad para elegir, busca ambientes donde te sientas capaz de hacer mejor tu trabajo.

