Pasas gran parte del día en reuniones o conversando.
Sientes que algunas son importantes y energizantes; otras parecen rutinarias o aburridas.
Es fácil decidir de antemano cuáles merecen tu atención o no. Pero ese instinto inicial puede hacer que subestimes el valor de las interacciones cotidianas.
Antes de desconectarte mentalmente, dale una vuelta a cómo abordar estas situaciones.
Cuando puedes optar por no participar. Al decidir si asistirás a una reunión, no confíes únicamente en si el tema suena interesante. Los temas que parecen rutinarios aún pueden revelar ideas útiles o fortalecer las relaciones una vez que comienza la discusión. Antes de rechazarla, pregúntate qué valor informativo o relacional podría surgir si participas. Una conversación que parece mundana aún puede generar ideas, inquietudes o perspectivas que de otro modo no escucharías. Pero si crees que esto es poco probable, recházala.
Cuando no puedes optar por no participar. Algunas reuniones son inevitables: actualizaciones, revisiones e informes operativos. En los momentos previos, tus expectativas dan forma a tu compromiso. Si asumes que la reunión será aburrida, es más probable que te dediques a realizar múltiples tareas durante la misma, o que te apresures al participar. En lugar de eso, vete con curiosidad. Recuerda que puede haber más en la discusión de lo que puedes ver al principio. Haz preguntas, escucha atentamente y permite que se desarrolle la interacción. No tienes elección, así que aprovéchala al máximo.

