Es evidente que existe una diferencia, y más en los tiempos actuales, entre edad y envejecimiento. La primera es una métrica cronológica (número de vueltas de la Tierra alrededor del sol desde que naciste). El segundo significa en qué medida la persona permanece vibrante y contribuyendo frente al declinar y simplemente consumir. (El sábado pasado disfrutamos de una maravillosa obra de teatro de José Sacristán: hora y media en solitario sobre el escenario con una energía, una calidad y una capacidad espectaculares. Tiene 88 años).
Durante los últimos 40 ó 50 años, los avances médicos, nutricionales y de nivel de vida han posibilitado que la aptitud física se haya colocado como un foco de atención de primer orden. Desde la mítica Eva Nasarre y su aerobic televisivo de principios de los 80 y pasando por el Spinning o el CrossFit actuales, son cientos de millones de euros los gastados en la industria deportiva por los españoles invirtiendo en su salud. (La semana pasada, una amiga nos comentó que había empezado a caminar… y que su marido ya le había puesto de objetivo que ella podría hacer “algo más” que sólo acompañarle a la próxima maratón en la que él iba a participar…).
También nos hemos empeñado en trabajar la salud emocional, con psicología “enriquecedora”, diálogo interno positivo, terapia, grupos de apoyo, espiritualidad, meditación y “hot yoga” (de esto último sé bastante poco pero, ¿por qué, si no funcionara, las personas se apuntarían a ello?).
Sin embargo, hay algo que hemos pasado por alto y que, en mi opinión, está en peligro de muerte: la salud cognitiva. He comprobado que las habilidades de pensamiento crítico de las personas están disminuyendo vertiginosamente debido al empobrecimiento de la educación, la dependencia de la tecnología, la inmersión (hasta el ahogamiento) en las pantallas y la sumisión a la presión normativa (no “quedar mal con otros”) para llegar a conclusiones equivocadas o aceptar opiniones por encima de los hechos.
¿Cuál sería el equivalente para la capacidad cognitiva del mantenimiento de la salud física y emocional?
Lectura de fuentes originales y “omnívoras”: ficción, biografías, clásicos, ciencia, historia, economía, filosofía. Deja de estar todo el rato “desplazándote” y pasa una página real, en el libro y en tu vida.
Socialización personal, frase que hace años habría resultado redundante: salir con amigos y conocidos, unirse a clubes y asociaciones, practicar deportes y juegos. (Pero cuidado con algún tipo de “socialización peligrosa”: esta semana una psicóloga experta en adicciones nos avisaba de que “Muchas personas se vuelven adictas al alcohol al jubilarse” y cómo el ‘txikiteo’, muy habitual a estas edades, hace que haya hombres que consumen a diario elevadas cantidades de alcohol que han normalizado porque desarrollan gran tolerancia –“aguantan” porque son adictos–).
Participar activamente en actividades cívicas: asistir y hablar en reuniones públicas, colaborar en juntas directivas, entrenar y orientar a otros.
Te planteo ahora una prueba cognitiva rápida y no científica:
- Haz mentalmente las tablas de multiplicar completas del 7, 8 y 9 en 30 segundos.
- Averigua cuáles serían los metros cuadrados de una habitación rectangular que tiene 40 metros de largo y 30 metros de ancho.
- Coloca estas revoluciones en orden cronológico: estadounidense, rusa, francesa, Guerra Civil española.
- Ordena estos ríos por orden de longitud: Nilo, Misisipi, Amazonas, Yangtsé
- ¿Por qué las tapas de las alcantarillas son siempre redondas?
Cuando utilices la frase “Creo que deberíamos…” asegúrate de haberlo pensado realmente.

“Comprender nuestros defectos cognitivos y superarlos es la opción más sencilla para subir de nivel.” —Bryan Johnson
“Sé que todos podemos recordar los días en que estábamos sentados en una clase de álgebra preguntándonos: «¿Por qué necesitaré álgebra o química en el futuro?» La respuesta fue y sigue siendo que las clases avanzadas de matemáticas y ciencias ayudan a los estudiantes de secundaria a desarrollar sus habilidades analíticas y cognitivas y a prepararlos mejor para competir en el lugar de trabajo y en la vida.” —Mercedes Schlap
“Cogito ergo, sum (pienso, luego existo).” —René Descartes


Es evidente que existe una diferencia, y más en los tiempos actuales, entre edad y envejecimiento. La primera es una métrica cronológica (número de vueltas de la Tierra alrededor del sol desde que naciste). El segundo significa en qué medida la persona permanece vibrante y contribuyendo frente al declinar y simplemente consumir. (El sábado pasado disfrutamos de una maravillosa obra de teatro de José Sacristán: hora y media en solitario sobre el escenario con una energía, una calidad y una capacidad espectaculares. Tiene 88 años).