Los líderes fuertes no sólo se definen por su carisma o capacidad de mando: también se distinguen por lo bien que siguen.
Aquí te explico cómo desarrollar la habilidad de ser un gran “follower”.
Escucha activa. Escuchar verdaderamente significa eliminar tu ego. Cuando absorbes información sin ponerte a la defensiva, captas señales que otros pasan por alto y creas un espacio para un diálogo honesto. Este tipo de escucha te ayuda a reducir los “puntos ciegos”, detectar señales débiles antes y crear seguridad psicológica en tu equipo.
Concéntrate en el propósito, no en el crédito personal. Antepón los resultados al ego. Cuando lideras con un propósito compartido, no por una necesidad de reconocimiento, cultivas un equipo que se centra en los resultados en lugar de en la teatralidad.
Resultados confiables. La ejecución es una parte esencial del liderazgo y los buenos “seguidores” hacen que las cosas sucedan. Debes saber convertir los planes en resultados y comprender cómo se hace el trabajo; de lo contrario, la estrategia se convierte en una ilusión que nunca se implanta. A los directivos nos pagan por conseguir resultados.
Fomenta la crítica. Los buenos seguidores están abiertos a ser desafiados. Haz que el disenso sea visto como seguro y esperado por tu equipo. Cuando aceptas la oposición y la crítica, amplías tu perspectiva, evitas elementos oscuros y escondidos y, en última instancia, tomas decisiones más acertadas.
Mantente abierto al aprendizaje. Recibir retroalimentación no es una amenaza: es combustible. Los buenos seguidores aprenden constantemente y los líderes que continúan aprendiendo siguen siendo relevantes, conscientes de sí mismos y adaptables en un mundo cambiante.

