Recientemente estaba trabajando con uno de mis clientes y en un momento de conversación relajada comenzamos a hablar sobre autoestima, sensación de impotencia, capacidad de reacción, etc. Y se me ocurrió que éste es un momento crucial en términos de confianza.
Muchos hemos perdido la confianza (es decir, la fe) en los políticos, los periodistas, la religión, la geopolítica, la educación o la ciencia. Escándalos de corrupción (aunque de estos ha habido siempre) o de machismo de baja estofa, la politización de la medicina (USA), la baja calidad de la enseñanza, noticias terriblemente distorsionadas que reflejan sesgos partidistas, escándalos sexuales entre el clero, alianzas geopolíticas que se tambalean o programas de televisión totalmente sesgados (lo de RTVE es, simplemente, una continua diatriba de “posición única” sin ningún intento de ofrecer realmente otras “perspectivas” que yo, sinceramente, nunca había observado).
Leí una vez que “no hay nadie más corrupto que quien tiene una certeza moral”. Lo creo de todo corazón (algo muy similar al “dime de qué presumes y te diré de qué careces”). Silenciar otras opiniones y faltarles al respeto porque no estás de acuerdo con ellas va más allá de la arrogancia: es presunción (y la presunción es arrogancia sin talento). Desde las Cruzadas hasta la actualidad, se ha derramado sangre masivamente porque la gente no puede aceptar las creencias de los demás.
No existe evidencia empírica que respalde muchas de estas creencias, pero sí existe un gran sesgo de confirmación. Un gran musical de Broadway titulado “Avenue Q” (actualmente en cartel en Madrid) tiene una canción titulada “Internet fue creado para la pornografía”. De forma similar, yo diría que fue creado para el sesgo de confirmación; para que toda creencia extraña, toda teoría conspirativa, toda opinión personal pueda encontrar apoyo, y todas las opiniones contrarias (y las pruebas objetivas) puedan ignorarse con seguridad. Una tendencia abonada por la condicionada programación de los algoritmos y acelerada por la Inteligencia Artificial y los «bots».
Nos corresponde a nosotros encontrar fuentes de información originales y fiables (porque siguen ahí), separar la opinión de los hechos (y de la insensatez) y extraer conclusiones basadas en la evidencia empírica y en el comportamiento observado.
La ausencia de evidencia no es evidencia de ausencia (“¿Habrá seres extraterrestres?”).
Pero, menos todavía, es evidencia de presencia.

“Aquel que es descuidado con la verdad en asuntos pequeños, no puede ser confiable en asuntos importantes.” – Albert Einstein.
“Es la confianza mutua, más que el interés mutuo, la que mantiene unidos los grupos humanos.” – H. L. Mencken.

