Por José María Garrido

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La semana pasada leí una historia en un prestigioso periódico digital, acompañada de un vídeo (porque, si no, quizás no me lo habría creído), sobre un jugador de fútbol turco que, sin darse cuenta, chutó con fuerza y golpeó con el balón a una gaviota que sobrevolaba el campo. El pájaro cayó al campo desde una altura de unos tres metros. (Puedes verlo tú mismo en Internet).

El jugador rápidamente corrió hacia el pájaro, le dio la vuelta suavemente y comenzó a realizarle una especie de reanimación cardíaca, ejerciendo suaves compresiones en el pecho de la gaviota. Después de aproximadamente un minuto, el pájaro estaba claramente consciente y el jugador lo sacó corriendo del campo hacia alguien que estaba esperando para sacarlo del estadio y, supongo, para aportarle atención veterinaria.

El equipo del jugador finalmente perdió el partido, pero un portavoz del mismo dijo: “Estamos felices de que se haya salvado una vida”.

¡Una vida! Con la que está cayendo, y en medio de guerras atroces en demasiadas partes del mundo, se salvó la vida de un animal porque un hombre pensó que lo correcto en ese momento era intentarlo.

A pesar de la situación geopolítica global, de la polarización, de todo lo que se habla sobre tensiones, cambio climático, tecnología y futuro… y sobre llevar nuevamente gente a la Luna (y después a Marte), a pesar de todo eso, debemos realizar los actos correctos en el momento en el que nos encontremos.

He descubierto que la conducta verdaderamente ética no existe cuando es obvia, sino cuando nadie más está cerca para darse cuenta de ella, o cuando te preguntas (y dudas) si alguien más haría lo que tú estás pensando (si te preguntas si alguien más le cedería el asiento a una persona mayor en el autobús). El propio giroscopio de cada individuo (quizás su brújula moral) revela lo que es correcto. (Hoy en día podemos ver su ausencia y un comportamiento opuesto cada vez que asistimos a las sesiones del Congreso de los Diputados.)

No se trata de realizar una donación cuando sea conveniente, sino de actuar cuando puedes marcar una diferencia inmediata.

El mayor rasgo de liderazgo que he ido observando a lo largo de mi carrera profesional trabajando con personas de alto nivel nunca se menciona en todos esos cuadros, listas, gráficos e infografías ridículas que se publican en LinkedIn por personas que no han trabajado en una empresa productiva en su vida.

Estoy hablando de la generosidad.

Generosidad de espíritu.

 

“La bondad tiene que ver con el carácter: integridad, honestidad, bondad, generosidad, coraje moral y cosas por el estilo. Más que nada, se trata de cómo tratamos a otras personas.” —Dennis Prager.

“Practicar cinco cosas en toda circunstancia constituye la virtud perfecta: profundidad, generosidad de alma, sinceridad, seriedad y bondad.” —Confucio.

“Deja espacio en tu vida para las cosas que importan: para la familia y los amigos, el amor y la generosidad, la diversión y la alegría. Sin esto, te agotarás a mitad de tu carrera y te preguntarás adónde se fue tu vida.” —Jonathan Sacks.

“Cada minuto de cada hora de cada día estás construyendo el mundo, al tiempo que te estás construyendo a ti mismo, y también podrías hacerlo con generosidad, amabilidad y estilo.” —Rebeca Solnit.

José María Garrido es profesional agroalimentario, consultor y docente. Después de trabajar 24 años como directivo, en la actualidad ayuda al empresario a aumentar el rendimiento consistente de su organización. Leer más...

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