Por José María Garrido

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Una de las conversaciones más habituales al encontrarte con amigos o conocidos suele ser hablar del último viaje realizado o de un nuevo restaurante descubierto. Con demasiada frecuencia, un apelativo muy utilizado para cualquiera de ellos suele ser calificarlo de “perfecto”. Y no acabo de entender exactamente qué significa. Me sirve que ese viaje que cubrió ampliamente tus expectativas lo denomines “fantástico” o “maravilloso”, o que la experiencia vivida en el restaurante fue “espectacular”. Pero decir que fueron planes “perfectos” significa, por definición, que no pueden ser superados. ¿Y si las almohadas de los hoteles hubieran sido mejores y los asientos del avión hubieran tenido más espacio? ¿Y si el mismo vino de la cena hubiera costado 20€ en lugar de 35?  Ya te imagino diciéndome que la experiencia habría sido “más perfecta”.

¿Qué es una reunión de negocios «perfecta»? Yo diría que es una en la que el cliente te dé la mano aceptando tu propuesta para realizar el primer pedido de inmediato. Una reunión en la que el cliente acepta volver a verte, o incluso se compromete a analizar tu planteamiento, es seguramente «excelente», pero no «perfecta».

¿Qué es una “relación perfecta”? Mi mujer, Puy, le dice a la gente que el que nuestro “descompensado” matrimonio (ella es trece años más joven que yo) haya superado ya los 15 de duración se debe a que celebramos los momentos sobresalientes, superamos los momentos difíciles y disfrutamos de todos los momentos “Ok” (la mayoría) juntos. (Y yo añadiría a que aplicamos nuestros valores fundacionales de Sinceridad, Cariño, Respeto y “Cuidar la relación, Alimentarla cada día” que se resume en el acrónimo SINCARE-CA).

La búsqueda de la perfección, tan sobrevalorada hoy en día, es inútil, genera insatisfacción y socava la excelencia, ya que nunca podremos tener suficiente éxito, ni ganar lo suficiente, ni agradar lo suficiente. Así pues, imagina un manómetro en el que tanto un nivel demasiado bajo como un nivel demasiado alto son terribles, pero que cualquier punto dentro del área aceptable está bien, es saludable y es agradable. A esa banda aceptable podríamos llamarla “conjunto factible de éxito”. Rara vez es una diana, y casi siempre es un rango.

Cuando algo que has hecho está al 80% bien, lánzalo. El esfuerzo para aumentar ese porcentaje es demasiado grande… y nadie va a notar la diferencia. Además, siempre podrás ir corrigiendo sobre la marcha.

Probablemente estés en esto más de lo que crees, así que date algo de margen y quítate la presión de la perfección de encima. Lo perfecto es enemigo de lo bueno y crea un estrés continuo, que está lejos de ser “perfecto”.

 

“La excelencia no es una habilidad, sino una actitud.” —Ralph Marston

“Para seguir viviendo hay que intentar escapar de la muerte que implica el perfeccionismo.” —Hannah Arendt

“El perfeccionismo no es una búsqueda de lo mejor. Es una búsqueda de lo peor de nosotros mismos, la parte que nos dice que nada de lo que hagamos será lo suficientemente bueno, por lo que deberíamos intentarlo de nuevo.” —Julia Cameron

“Europa parece un poco menos afectada, pero en Estados Unidos es muy duro. En Los Ángeles, donde vivo, todo es perfeccionismo.” —Alanis Morissette

José María Garrido es profesional agroalimentario, consultor y docente. Después de trabajar 24 años como directivo, en la actualidad ayuda al empresario a aumentar el rendimiento consistente de su organización. Leer más...

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