Tu cerebro está programado para sentir lo que va mal.
Bajo situaciones de estrés, esa tendencia puede limitar tu atención y hacer que el progreso sea más difícil de ver.
Recalibrar tu forma de pensar significa darle deliberadamente a tu cerebro más evidencias de lo que sí está funcionando bien.
Los siguientes hábitos simples te pueden ayudar.
Interrumpe el sesgo de negatividad. Incorpora una breve práctica a tu día a día que te permita buscar información positiva y lo que va bien. Al final del día, por ejemplo, dedica dos minutos a escribir tres o cuatro aspectos destacados.
Selecciona evidencias a la que puedas acudir. Guarda mensajes significativos, logros, fotografías u otros recordatorios de experiencias positivas en un solo lugar. Cuando el estrés comience a dominar tu perspectiva, vuelve a visitar esa colección para recordarte el progreso que puedes estar pasando por alto.
Pregunta a los demás qué está yendo bien. Haz que la información positiva forme parte de tus conversaciones. Pide a tus colegas que compartan una pequeña victoria o crea un espacio donde tu equipo pueda reconocer el progreso con regularidad. Esto te aporta otra fuente de evidencias de que están sucediendo cosas buenas, incluso durante períodos difíciles.

