Vivimos inmersos en una inmensa maraña de DATOS, con la que corremos el riesgo de sufrir el «síndrome del pajar».
Transformar esos datos en INFORMACIÓN para tomar decisiones es la primera necesidad de la gestión.
Cuando aprendemos de la información (es decir, nos educamos a nosotros mismos) de forma que podamos mejorar y evolucionar, estamos creando un cuerpo de CONOCIMIENTO: sentamos las bases de “la organización que aprende”, que pone de manifiesto nuestra inteligencia y nuestra disciplina.
Es en este punto cuando muchos líderes se acomodan y empiezan a auto-congratularse.
Sin embargo, el último objetivo es usar ese conocimiento para mover a la organización y a su gente hacia el objetivo estratégico; podemos definir ese uso del conocimiento como SABIDURÍA.
Los datos están alrededor de todos nosotros; la información está en cada pantalla de ordenador; el conocimiento se almacena en reportes, análisis y procedimientos. La sabiduría está en el inefable papel del verdadero líder situado en la trastienda.
Es muy común escuchar “Él sabe mucho” o “Ella tiene mucho conocimiento”. Pero, ¿con qué frecuencia escuchas algo como “¡Qué decisión más sabia!”?
Se trata a menudo de un trabajo solitario, y ciertamente nunca ejecutado “en el escenario”. Pero es puro liderazgo: transformar la información en sabiduría organizacional.
Pienso en Jobs y Wozniak cambiando el perfil de los ordenadores en su garaje. Pienso en Zuckerberg buscando una propiedad para vivir en Washington. Y pienso en Carlos Torres dándole vueltas a la OPA del BBVA sobre el Sabadell y a Josep Oliu maquinando sobre cómo defenderse de la misma.
Les toca a los líderes hacer su tarea, creando sabiduría en medio del caos de información, y liderando organizaciones hacia sus objetivos estratégicos.

