Por José María Garrido

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Todos tendemos a hablar de “los buenos viejos tiempos” (al menos una vez que hemos alcanzado una edad en la que hay “buenos viejos tiempos”). Y seamos realistas: las cosas a menudo eran mejor, menos confusas, menos divisivas y más eficientes.

Era un placer entrar en una tienda de discos a descubrir álbumes nuevos que lanzaban las auténticas estrellas del rock, mientras que hoy tienes tanta música en la palma de tu mano que no sabes qué elegir. Había periodismo más serio y objetivo en la televisión que los comentarios sesgados y los nauseabundos “realities” de hoy. Podías comportarte y hablar sin miedo a que te grabaran en secreto y dar opiniones sin que te rechazaran al otro lado del pasillo polarizado.

No existía la amenaza de ser denunciado por niños y jóvenes cuando les llamabas la atención por decir palabras malsonantes o por no dejar el asiento a una persona mayor en el autobús, ni tampoco había leyes que protegieran a los «okupas» que simplemente irrumpían en tu casa y se apoderaban de ella.

No había temor a contar un chiste más o menos inocente ni exigencias de que despertáramos sintiéndonos culpables y nos fuéramos a dormir arrepentidos. El mundo era un lugar físico listo para ser descubierto, y no algo encerrado en una pantalla controlada por algoritmos por la que accedes al metaverso.

Éramos capaces de sobrevivir todo un domingo con las 5 pesetas de “paga”, la autoridad de un maestro (fuera mejor o peor) nunca estaba en entredicho y una mirada de tu padre era suficiente para que le hicieras caso… mejor por las buenas.

Sin embargo, no había navegadores que te llevan fácilmente de puerta a puerta, ni televisión a la carta, ni reuniones remotas, ni aprendizaje a distancia, ni tanta concienciación medioambiental o protección social. Hoy, los viajes se han “democratizado”, las personas con diferentes orientaciones sexuales no tienen que esconderse y las mujeres no tienen que “pedir permiso” para llevar su propia vida. Incluso ganamos Copas del Mundo de fútbol (masculino y femenino) con una forma de jugar que embelesa hasta a los más reacios a ese deporte, con jugadores españoles hijos de emigrantes venidos de otras partes del mundo.

Necesitamos aprender a vivir y apreciar el presente o, como se dice, «jugar la mano que nos toca». Podemos aprender del pasado, pero no revivirlo (y no deberíamos intentarlo). Podemos anticipar el futuro y temerlo o darle la bienvenida, pero aún no ha llegado. La hierba siempre es más verde, o quizá más marrón, en otros momentos.

Sólo ten en cuenta que para muchas personas, hoy serán “los buenos viejos tiempos” de su mañana.

 

“La frase ‘todo tiempo pasado fue mejor’ no indica que antes sucedieran menos cosas malas, sino que —felizmente— la gente las echa en el olvido.” – Ernesto Sábato

“La nostalgia es la alegría de estar triste.” – Víctor Hugo

“Es inútil volver sobre lo que ha sido y ya no es.” – Frédéric Chopin

José María Garrido es profesional agroalimentario, consultor y docente. Después de trabajar 24 años como directivo, en la actualidad ayuda al empresario a aumentar el rendimiento consistente de su organización. Leer más...

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