
La primera vez que usamos algo, es un lujo. Si es beneficioso, si es novedoso, si es único, si es divertido o lo que sea, es un autentico lujo. Y si has conseguido hacerlo o disfrutarlo, la segunda vez que lo repites y las siguientes se convierte en una necesidad.
Recuerdo la primera vez que conduje mi primer coche. Mira, yo estaba loco de contento por el placer de aquella sensación. Fue simplemente maravilloso. Y después de aquello, se convirtió en mi coche diario y de uso frecuente, aunque todavía lo valoré durante los siguientes meses. La primera vez que usé un mando a distancia para abrir la puerta del garaje que utilizo también aquí, en mi pueblo, fue fantástico. Y después de aquello, te coges un cabreo si un día se agota la pila del mando y tienes que bajarte del coche para abrir la puerta con la llave.
Es lo mismo con la televisión a la carta y sus múltiples canales que tienes en tu residencia habitual, o los periódicos que tienes en tu felpudo cada mañana, que echas en falta cuando te mueves a un lugar de vacaciones. Y cuando vuelves, el tenerlo es la “normalidad”, es lo “correcto”, es “lo de siempre”.
Con todo esto quería decirte que nunca deberíamos perder la capacidad de apreciar lo que tenemos. Yo aprecio mi trabajo, aprecio mi familia, aprecio la ciudad donde vivo, los hogares de los que dispongo o los amigos con los que disfruto.
No deberíamos dejar de valorar todo aquello de lo que disponemos. Podemos verlo con normalidad, podemos acostumbrarnos a ello, pero de ninguna manera deberíamos subestimarlo. Yo es lo que intento hacer cada día que doy un paseo temprano bajo los árboles o cuando me zambullo en la piscina durante todo el año para mis ejercicios diarios.
Es una buena forma de vivir la vida.

«El poseer lo que no se aprecia es como si no se poseyese.» – John Milton
«Valora lo que tienes antes de que el tiempo te enseñe a apreciar lo que perdiste.” Anónimo popular


