Las decisiones importantes no terminan una vez que pasa el momento de tomarlas.
Para pensar como un gran entrenador después de una decisión de alto riesgo, concéntrate en lo que sucede a continuación: aprender de los resultados, reconstruir la confianza y mejorar el sistema antes de que llegue la próxima gran decisión.
Aquí te doy unas ideas sobre cómo hacerlo.
Aceptar los errores con rapidez. Las decisiones bajo alta presión rara vez vienen acompañadas de información perfecta. Céntrate no tanto en el resultado y sino más bien en si el proceso fue sólido. Cuando te equivoques en algo, reconócelo y aprende la lección.
Reconstruir las relaciones. Las decisiones difíciles crean fricciones. Revisa los momentos de desacuerdo, aclara los malentendidos y analiza con tu equipo qué se podría haber gestionado de manera diferente. La confianza influye en la calidad de las decisiones futuras.
Mejorar el proceso. Pregunta no sólo qué pasó, sino también por qué. Busca lagunas en la comunicación, las responsabilidades poco claras o las aportaciones equivocadas. Luego, cambia el sistema de acuerdo con el análisis para que las decisiones futuras sean más fáciles y sólidas.

