
Defino “empoderamiento” como darle al empleado el control sobre las decisiones que influyen en los resultados de su trabajo. Porque los empleados que pueden participar y tomar decisiones sobre sus propios trabajos tienden a ahorrar dinero para la empresa, a proteger los recursos y a optimizar el tiempo. Por el contrario, tienden a ignorar estos ahorros cuando simplemente cumplen órdenes.
Es un modelo de trabajo que exige delimitar muy bien el “campo de juego”, es decir, cuáles son los límites éticos, financieros, de requisitos, legales y reputacionales de sus actuaciones. Un empleado tiene la libertad de tomar decisiones dentro de esos límites establecidos, y es cuando se van a traspasar cuando tiene la obligación de consultar con su mando superior sobre si proceder o no.
Cuando todo lo anterior está bien establecido, las cosas funcionan maravillosamente… siempre y cuando el campo de juego sea lo suficientemente grande y no del tamaño de un sello de correos (porque en ese caso no hemos avanzado nada).
Estoy hablando del establecimiento de límites, algo que a menudo falta en nuestra vida personal.
Se nos dice que el amor, la pasión y la amistad debería funcionar “sin límites”. Pero, ¡espera un momento, no tan rápido! Nuestra privacidad y nuestro tiempo a menudo son violentados por personas que no respetan o que, simplemente, no son capaces de ver nuestros límites. Y eso suele ser así porque, a menudo, no los establecemos con la suficiente claridad. Es difícil no pisar el césped cuando no sabes dónde empieza exactamente.
En más de una ocasión, yo o alguno de mis acompañantes nos hemos visto interrumpidos durante una comida por alguien haciendo preguntas o vertiendo comentarios incansablemene (y a veces algo más) de pie ante nuestra mesa, simplemente porque “te he reconocido”. O no me gusta que los desconocidos empiecen a contarme qué hacen o a preguntarme a qué me dedico simplemente porque les ha tocado el asiento a mi lado en el tren. Les digo que tengo trabajo e inmediatamente aparecen mis auriculares.
Siempre me ha parecido un buen consejo el no escuchar comentarios no solicitados de alguien, excepto si ese alguien te importa o si realmente respetas su opinión. No dudes en “desconectarlo”: “¿Puedo ofrecerte algunos comentarios?” “No, gracias”.
En el caso de personas pasivo-agresivas que están intentando hacerte daño, diles que no lo vas a tolerar, por lo que deberían guardarse sus opiniones para sí mismos. Diles a las personas que te ofrecen consejos no solicitados o que critican tus elecciones que no recuerdas haberles pedido su opinión.
Puede que suene duro, pero creo que le estoy haciendo un favor a esa persona haciéndole ver que hay límites y que está a punto de traspasarlos, por lo que es mejor que cambie de dirección. Y puedes crear tus límites exprofeso: simplemente decide dónde y cuándo son necesarios.
Ahora que está terminando la Semana Santa, y apelando a nuestra tradición cultural católica, dicen que Jesucristo nos animó a “poner la otra mejilla”, pero no creo que dijera que permitiéramos que siguieran golpeándonos. Incluso dicen que San Agustín rezó: “Señor, por favor hazme un buen hombre. Pero no demasiado pronto”.

“Para mí no hay creatividad sin límites. Si vas a escribir un soneto, dispones de 14 líneas, por lo que debes resolver el problema dentro del contenedor.” —Lorne Michaels.
“Este es el trato: yo no te digo cómo fabricar tus automatismos y tú no me dices cómo hacer este coaching.” —José María Garrido (a uno de sus clientes).

