Por José María Garrido

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En mi trabajo he descubierto que hay dos tipos de personas “con necesidades”.

El primer grupo lo forman personas legítimamente “necesitadas” de recursos, habilidades, asesoramiento, educación, etc. para mejorar. Todos encajamos en esta definición hasta cierto punto, pero algunos necesitan particularmente la ayuda de otros para tener éxito. Creo que las personas con adicciones tienen una legítima necesidad de ayuda, al igual que alguien que no sabe utilizar los cubiertos en la mesa o alguien que no sabe hablar en público.

Luego están las personas que necesitan que les digan constantemente lo buenos que son. Si no les aplauden, incitan a los demás a que los aplaudan y, al final, incluso se aplaudirán a sí mismos públicamente. Éstas son las personas que absorben todo el oxígeno de la habitación, y cada vez que aceptamos participar en su autoadulación, en realidad estamos favoreciendo sus comportamientos disfuncionales.

Una vez conocí a un conferenciante que seguía una técnica curiosa. Había construido una serie de finales falsos de su disertación, de forma que el público le diera un fuerte aplauso pensando que había terminado. Y, en realidad, “terminaba” cuatro veces. Hasta que, en una ocasión, el maestro de ceremonias se presentó y le obligó a salir del escenario diciendo: “¡Eso es todo!”.

Todos conocemos a esas personas que tienen que contar otro chiste después de que se le rían el primero, o que tiene que hablar de sus propias vacaciones después de que la otra persona haya llamado la atención sobre su reciente viaje. Hay personas que no paran de hablar de “lo compleja que es la gestión de su empresa” de 50 empleados (o de la “noticia” sobre la misma aparecida en la prensa nacional, que en realidad ha sido pagada por su agencia de publicidad), a pesar de que alguien experimentado en multinacionales está parado junto a ellos.

Deberíamos ayudar a los realmente necesitados, a aquellos que intentan mejorar sus vidas y las de los demás, y que necesitan asistencia tangible o intangible. Pero tenemos que pararles los pies a los pseudo-necesitados, aquellos que se sienten tan inseguros que deben ser constantemente el centro de atención.

Sé lo que estás pensando: ¿No son esas personas las realmente necesitadas, en el sentido de que deberían cambiar ese comportamiento? Yo también podría estar de acuerdo.

Necesitamos ayudarles diciéndoles: “¡Basta ya!”.

 

“Las almas ruines sólo se dejan conquistar con presentes.” – Sócrates.

“Porque no sirvo para adular, ni hablar con claridad, ni sonreír a la cara de la gente, halagar, engañar y hacer trampas, doblarme con reverencias a la francesa y simiesca cortesía, he de ser tenido como un enemigo rencoroso.” – William Shakespeare.

“El amor propio es el más grande de todos los aduladores.” – Sir Walter Scott.

José María Garrido es profesional agroalimentario, consultor y docente. Después de trabajar 24 años como directivo, en la actualidad ayuda al empresario a aumentar el rendimiento consistente de su organización. Leer más...

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