
Hay demasiadas personas que no pueden calcular rápidamente el cambio a devolverles en una compra (y más desde que ya casi todo se paga con tarjeta), que están a punto de atropellarte cuando de acercan hacia ti con la cara estampada en el móvil o que difunden a voz en grito sus conversaciones telefónicas en el tren creyendo que están en la cocina de su casa.
Creo que la consciencia es un factor clave de la rapidez y precisión con la que alguien puede procesar la información. Yo soy más consciente que el perro de mi vecino, que es más consciente que un conejo, que es más consciente que un caracol. En una era en la que la información llega a la velocidad de la luz y en la que los significados son cada vez más conflictivos, la importancia de esa capacidad se multiplica.
Debido a ello, las habilidades de pensamiento crítico pasan a ser esenciales, aunque cada vez sean más escasas. Nuestras escuelas primarias y secundarias, que son mucho mejores “almacenando” niños que educándolos, intentan poner en práctica una amplia variedad de “novedosas” técnicas educativas junto a la utilización de tecnologías, pero de alguna manera no logran enseñarles a los niños el proceso de resolución de problemas, o cómo tomar decisiones, o cómo verificar y validar sus soluciones. La configuración escolar actual de España se remonta a finales del siglo XIX.
Además, nuestra “educación superior” está atiborrada de profesores titulares con mentalidad funcionarial, que se preparan las materias copiando libros o que se ceden asignaturas intercambiando “powerpoints”, en lugar de disponer de conocimiento y experiencia real en la materia y educando a los alumnos para que su mérito decida quién lo hará mejor o peor. Una caries profunda ha arraigado en nuestro sistema educativo.
Necesitamos personas más inteligentes, personas más conscientes, que puedan procesar bien la información, sin sesgos ni motivos políticos o egoístas. El futuro y nuestro éxito dependerán no sólo de la IA, sino también de que las personas que la creen y la utilicen sean talentosas y hábiles.
Además, necesitamos a la inmigración para reforzar nuestra población en declive, y tenemos que dejar de suponer que las personas mayores de 60 años, de repente, han perdido la consciencia y sus habilidades de pensamiento crítico. Y que, por tanto, de la noche a la mañana han dejado de ser “útiles”.
Los inmigrantes que quieren tener éxito han demostrado que pueden aprender rápido y trabajar duro.
¿Y los que tenemos más de 60 años? Bueno, fuimos a la escuela cuando la educación se centraba en las habilidades de pensamiento crítico, el mérito y la recompensa por el desempeño. Como cuando se monta en bicicleta, uno nunca se olvida de cómo aplicar todo eso.

“Todos los estudiantes universitarios deberían estudiar filosofía. Es necesario examinar la vida y cuestionar las propias creencias. Si no se aprende a pensar críticamente, el debate político degenera en un concurso de consignas.” —Martha Nussbaum.
“Los economistas que han estudiado la relación entre educación y crecimiento económico confirman lo que sugiere el sentido común: la cantidad de títulos universitarios no es tan importante como el grado en que los estudiantes desarrollan habilidades cognitivas, como el pensamiento crítico y la capacidad de resolución de problemas.” —Derek Bok.

