Por José María Garrido Juango

2 Comentarios

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¿Tener un gran equipo formado por los mejores, o ser un hiperlíder arrasador con un ejército de obedientes ayudantes?

¿Qué es mejor para el éxito sostenible de tu empresa?

Lo vemos de inmediato.

 

Si observamos a las empresas de éxito radiante, podemos ver dos modelos de gestión radicalmente diferentes.

Por un lado está el modelo del que cree en el equipo. En este caso, la preocupación principal del líder es incorporar a la empresa a los mejores, ocupándose en construir un equipo de personas de nivel superior, y a partir de ahí ir decidiendo hacia dónde dirigir la empresa.

Por otro lado está el modelo del Genio-con-centenares-de-ayudantes. En este caso, la empresa es la plataforma donde se demuestra el talento de un individuo extraordinario. El hiperlíder como fuerza principal que gobierna el éxito de la compañía, es un gran activo… en tanto en cuanto se mantiene en la misma.

El genio evita la conformación de un gran equipo, por la simple razón de que él no necesita uno, y muy a menudo ni siquiera quiere tenerlo. Si eres un genio no necesitas tener buenos directivos que puedan actuar de manera autónoma alineándose con los objetivos de la compañía.

No, lo que necesitas es un ejército de obedientes soldados que te ayuden a implantar tus grandes ideas.

Sin embargo, cuando el genio abandona, los “ayudantes” se encuentran perdidos. O, lo que es peor, tratan de imitar al predecesor con gruesos movimientos visionarios – es decir, intentando actuar como genios sin serlo – que suelen resultar ruinosos.

Si eres un genio y quieres generar un “pelotazo” durante unos años, adelante. Pero si quieres que tu empresa sea exitosa mucho más allá de tu propia existencia como empresario, ocúpate de tener a tu lado a los mejores, y de enséñales a trabajar como un equipo de alto rendimiento.

¿Conoces algún caso de un genio-con-centenares-de-ayudantes? ¿Crees que es beneficioso o perjudicial para el éxito sostenible de una empresa?
¡Deja tu comentario aquí abajo, y lo hablamos!

  • Buena reflexión, con la que concuerdo, José María.

    Por el medio, están los que se piensan que son un crack y lo que tienen es la suerte de tener un buen ejercito detrás, del que apenas son conscientes. Aquí el taburete se menea cuando falla algún general.

    Un abrazo

    • Sí, ciertamente.
      Por eso son empresas que, en realidad, no tienen éxito auténtico ni la cosa perdurará en el tiempo.
      O tienen suerte circunstancial, o están viviendo de las rentas pasadas (que en realidad es lo mismo), o están viviendo un espejismo.
      O su futuro ya es incierto… aunque todavía no se hayan dado cuenta.
      En mi opinión, sin un liderazgo sólido (sea este individual o colectivo), que es lo que entiendo que planteas, en realidad no hay un éxito que se pueda llamar así.

      Si hay liderazgo, y es individual ( y se gestionan bien otros asuntos derivados, por supuesto), el éxito durará lo que dure ese líder.
      Si el líder se acompaña de un equipo fuerte, sólido y comprometido (y se gestionan brillantemente otros muchos asuntos), el éxito perdurará incluso faltando el máximo responsable.
      Por eso mi #reflexión se refería a las empresas brillantes, que son en las que nos podemos inspirar y de las que podemos aprender.
      Aunque la realidad es que lo que nos rodea suele ser mediocridad o medianía, aunque muchos vivan de ello.

      ¡Muchas gracias por tu comentario, Ángel!

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