Por José María Garrido Juango

4 Comentarios

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Hace algún tiempo recibí el siguiente comentario de un empresario:

“No hay otra opción para sobrevivir que crecer y esto conlleva tener que estar pensando y trabajando constantemente en el mañana, mientras tu empresa trabaja en el día a día, uno tiene que preparar el mañana. Pero por mi experiencia, esta actitud innovadora es muy difícil de inculcar en las personas que no creen en ello. Por lo que hay que entenderlo como que no hay otra opción.”

Un comentario que creo que encierra mucha riqueza, y que voy a desgranarte… en un momento.

A la hora de afrontar el trabajo, un empleado, directivos incluidos, tiene opciones: mantenerse en la empresa actual, cambiarse a otra, decidir iniciar algo por su cuenta…

Pero el empresario no tiene esas opciones: tiene UN proyecto (su proyecto), UN negocio (su negocio); es SU inversión, es SU sueño. Es por esas poderosas razones por las que pondrá toda la carne en el asador para que ESE proyecto, y no otro, tenga futuro. Y hoy en día el único futuro para la empresa es el Cambio continuo o, como bien dice mi comentarista, la actitud innovadora.

Al mismo tiempo, la gran opción del empresario es decidir qué camino seguir y cómo hacerlo. Es también SU decisión, no la de sus empleados. Esta es la libertad y, al mismo tiempo, la responsabilidad del empresario. Y también está en su mano decidir cuánta energía, fuerza y determinación aplicar a ese proceso de transformación: es la esencia del Liderazgo.

Decíamos en un vídeo anterior que gestionar una empresa es, en esencia, controlarla y tomar decisiones.

Si lo abrimos un poco más podemos decir que el empresario tiene que:

  1. Hacer crecer las ventas. Se consigue accediendo a nuevos clientes (y manteniendo fieles a los actuales), a nuevos mercados (y manteniendo con firmeza los actuales), y a nuevos productos/servicios (y asegurando la calidad de los actuales).
  2. Reducir los despilfarros. No sólo en las líneas de producción, sino en los procesos operativos: relaciones entre actividades, procesos, departamentos… al fin y al cabo, entre personas.
  3. Pensar en el futuro. Información, análisis, reflexión… enfoque (Visión), coherencia (Misión)… ¡decisiones!

Todo lo anterior no es otra cosa que Liderazgo e Innovación… ¡en estado puro!

Por tanto, además del Control imprescindible, el empresario debe ocuparse de la esencia misma del negocio. Y esa esencia se reduce a tres grandes asuntos: lo que yo llamo la Triada Mágica.

  1. Sus clientes.
  2. Sus empleados (en plantilla, subcontratados, proyectos, etc.)
  3. El Futuro, que es donde aparece la palabra Estrategia.

Todo ello aderezado con sus dos competencias principales: Liderazgo e impulso del cambio, o sea, Innovación.

 

¿Te parecen correctas estas funciones y estas competencias?

¿Añadirías alguna más?

Vamos a conocer tu opinión. Anímate, y deja tus comentarios aquí abajo.

 

  • El resumen es correcto pero yo haría más incidencia en los términos económicos, tal y como está redactado para que sea una consecuencia de la gestión de la triada y los negocios están hechos (y el empresario se arriesga) para ganar dinero y esa es la clave de todo el sistema. Como llegar a ello implica la gestión de toda una serie de claves que tenemos. Un saludo

    • Por supuesto, Fernando: la rentabilidad y el «dinero» es el gran medidor de la empresa.
      Es a lo que me refiero al citar «el Control imprescindible», y también «hacer crecer las ventas» y «reducir los despilfarros» incide directamente en el «resultado».
      Aunque, dicho todo esto, yo soy de la opinión de que el RESULTADO, efectivamente, es una consecuencia. La consecuencia de ocuparse bien de los Clientes, los Empleados y el Futuro.
      Muchas gracias por tu comentario.

  • Hola José María, supongo que todo empresario sabe, conoce y entiende todos los elementos que describes. Pienso que quizás el orden o la organización de ellos es lo que provoca discusión. Para mí, el gran reto del empresario es el cambio continuo impuesto por el mercado, el gran cliente al que me gusta llamarlo «El Monstruo». El empresario tiene que «acertar» en como va a cambiar el Mostruo y darle lo que quiere, porque de otra manera te comerá. Esta es la principal gestión del empresario.
    Yo creo que el cambio no implica hacer crecer las ventas, más bien minorizar el riesgo que tienen las ventas.
    El empresario para «acertar» y adaptarse a los cambios de El Mostruo debe saber: 1. orientarse con información (big data), 2. liderar a sus directivos y 3. hacer uso de las herramientas a su alcance para adaptar la empresa a los cambios. En cada uno de estos apartados podemos meter toda la teoría, palabras, definiciones, etc.. que se nos ocurran, pero creo que esta separacion de tareas y por ese orden debe ser el Credo de cualquier empresario.
    La idea de partida que plantea el empresario, «para sobrevivir hay que crecer», es erronea. Yo diria mejor, «para sobrevivir hay que hacer las cosas bien», siempre me ha gustado el dicho que dice «la recompensa de un buen trabajo es más trabajo». El crecimiento tiene que ser la recompensa de un buen trabajo y no el objetivo de la supervivencia.
    Un saludo.

    • El cliente: ese «Monstruo»… de 7 cabezas… al que estamos obligados a «amar» ;-).
      Muy rico tu comentario, Antonio José, con el que estoy totalmente de acuerdo, ya que entiendo que ambos decimos lo mismo: Cliente, Personas (yo creo que es mucho más que directivos…) y Futuro, que hoy más que nunca significa, efectivamente, estrategia = innovación = cambio.
      El crecimiento como «consecuencia»… entendiendo «crecimiento» como aumento de resultados… ¡sin duda!
      Y parafraseo a Peter Drucker: «To do the right things (Leadership); to do the things right (Management)».
      En resumen: hagamos las cosas correctas (incluido el cambio), hagamos correctas las cosas (como tú bien dices) y obtendremos la recompensa (crecer = mejores resultados).

      Aunque disiento en un detalle: no, no todos los empresarios de nuestro sector agroalimentario lo tienen tan claro.

      Muchísimas gracias por enriquecer el contenido con tus aportaciones, Antonio José.

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