Por José María Garrido

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Observo que cada vez se extiende más la idea de que «es más fácil conseguir el perdón que el permiso».

Desde luego, hay situaciones en las que esto no es cierto: si pretendes robar un banco, hacer trampa en un examen, o querer saltarte la cola de entrada al teatro, no obtendrás permiso ni perdón.

Pero a menudo tratamos con clientes (o amigos o familiares) con quienes podemos hacer algo más productivo si no preguntamos o no le decimos a nadie lo que hemos hecho.

Como dejar que mi sobrina se ponga a los mandos de mi coche para enseñarle a conducir y «olvidar» el mencionárselo a su madre. O hacer un regalo anónimo a personas que sé positivamente que lo necesitan sin revelar mi nombre y evitar así cualquier reacción que implique obligación o publicidad.

En otras palabras, si estás haciendo una buena acción, a veces no tienes que preguntar ni decirlo.

Posiblemente estarás de acuerdo conmigo en estos casos que he expuesto.

Para todos los demás que se encuentran entre uno y otro extremo, dejo que seas tú quien decida qué hacer.

José María Garrido es profesional agroalimentario, consultor y docente. Después de trabajar 24 años como directivo, en la actualidad ayuda al empresario a aumentar el rendimiento consistente de su organización. Leer más...

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