Soledad

Por José María Garrido Juango

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Hay que reconocer que el mundo de Internet/Redes Sociales está repletito de recetas, posts, ideas, infografías, imágenes y frases grandilocuentes sobre el emprendimiento y el liderazgo. Suelen tener su origen en los grandes magnates/gurús empresariales, o en sesudos analistas de la realidad actual y el incierto futuro global y digital, o quizás en avanzadas consultoras o think-tank internacionales que generan pequeñas píldoras periódicas, que en ocasiones se convierten en virales, aunque sólo sea porque son repetidas por unos y por otros hasta la saciedad.

También da la sensación de que son recetas/mensajes mágicos, enfocados hacia ejecutivos y profesionales hiper-cool que trabajan en lustrosas y modernísimas oficinas, o sonríen mientras manejan la última generación de gadgets tecnológicos. Al menos esa es la impresión que me llevo cuando veo las imágenes que pretenden incitar a la lectura del post o al enganche al tweet.

Si observamos los datos del sector Agroalimentario español, me da la impresión de que sus empresarios encontrarán esas recetas muy poco útiles, y que mucho menos se sentirán identificados con esas bonitas fotografías… tan alejadas de su realidad diaria.

Un sector muy atomizado: 29.196 industrias alimentarias, de las cuales el 96,22% tienen menos de 50 empleados (80%, con menos de 10); 59 empresas (0,2%) tienen más de 500 empleados. Es decir, el 99,8 % son PYMES

1.045 organizaciones (el 3,58%)) podrían encuadrarse dentro de lo que se considera mediana empresa, con un origen muy mayoritariamente familiar. A diferencia de las empresas pequeñas, cuyos problemas se centran casi exclusivamente en el desarrollo del negocio, el acceso al mercado, la comercialización y la venta, las empresas medianas incorporan también la necesidad de una gestión interna adecuada, carencias organizativas y la responsabilidad de un número importante de empleados y familias dependientes de cada una de ellas.

 

LA CONSERVERA DE LOS ABUELOS

Corrían los años 70 del siglo pasado. Un país que, en términos generales, había dejado atrás las penurias más básicas de la postguerra y en el que los más inquietos y avezados empezaban a idear nuevas formas de progreso económico para su familia. Fueron los abuelos quienes compraron una cerradora de botes con unos pocos ahorros y empezaron a cocer y a embotar tomates y pimientos en la bajera de casa, en cualquiera de los pueblos de la Ribera de Navarra o de Murcia. Cuando compraron el autoclave ya fueron palabras mayores, y pudieron procesar incluso los espárragos de todo el pueblo. A través de muchas pruebas “caseras” sobre qué se podría embotar (el antiguo I+D) y a quién vender (hoy se le llama Marketing) las cosas fueron mejorando. El carácter negociante del abuelo (así se llamaba entonces a los emprendedores), y el trabajo incansable de la abuela hicieron que el negocio fuese creciendo y se transformara en una fábrica de Conservas Vegetales… o de Conservas de Pescado, dependiendo de la región. Muchos puestos de trabajo de temporada que dieron riqueza y progreso a la zona.

Después de tantos años de pelea, de consecutivas amenazas de cierre por no poder hacer frente a los compromisos, y de mucha energía desplegada, hoy has encontrado un buen nicho de mercado con unos productos muy especializados que se venden muy bien, y ya la exportación supone el 25% de las ventas totales. Aquella decisión de salir fuera para afrontar la pasada crisis de desplome del mercado interno fue acertada: te has dado cuenta de que los productos son apreciados en el exterior y que tus precios son buenos para competir en el mercado internacional.

Pero no estás conforme con la forma de hacer las cosas, que sigue siendo demasiado a la antigua. Antes de retirarte y de dejar la empresa en manos de tu hijo/a, te gustaría darle una buena vuelta de tuerca a la forma de funcionar de tu organización; eres consciente de que llevar todo aquello le exigirá a tu vástago algo más que teorías de escuela de negocios, y te gustaría poder traspasar algo más adaptado a los nuevos tiempos.

 

LA COMERCIALIZADORA DEL PADRE

En este caso, ese mismo carácter “negociante” (emprendedor) se enfocó hacia la compra-venta de frutas u hortalizas. El padre era muy avispado encontrando clientes para comercializar los productos de las huertas cercanas, e inició el negocio actuando con su teléfono desde casa. Un día se decidió a comprar un almacén y lo empezó a utilizar para dar más valor añadido a los productos, mediante su selección, clasificación y envasado de manera más atractiva, sobre todo para los países del extranjero.

Hoy estamos hablando de una facturación de alguna decena de millones de euros, y de más de 200 empleados. Unas ventas que van muy bien… y una organización cada vez más difícil de gobernar.

 

LAS RECETAS DE LA MADRE

La madre siempre había sido muy buena cocinera, utilizando las recetas que a su vez su madre le transmitió tras aprenderlas de la abuela. Los vecinos empezaron a encargarle algunas comidas de vez en cuando para sus celebraciones familiares, y los bares del pueblo se peleaban por tener a su disposición aquellos fritos caseros tan exquisitos. El volumen de pedidos iba creciendo, y la familia se decidió a construir una cocina industrial con mejores medios, más cómodos e higiénicos (¡la legislación cada vez era más exigente!).

Casi sin enteraros, ya han pasado 13 años desde entonces. El número de referencias que se fabrican y comercializan son más de 50, y ya empezáis a tener dificultades para conocer a todos y cada uno de los 70 empleados que trabajan en la fábrica.

 

LA GERENCIA DE LA COOPERATIVA

Hace 10 años que decidiste asumir la gerencia de la cooperativa. ¡No sabías muy bien dónde te metías! Han sido años duros, pero en los que has conseguido lo principal: hacer comprender a los cooperativistas que el negocio debía llevarse de manera profesional, que debían cumplir las reglas o que, de otro modo, la Asamblea debería tomar medidas. Sí, ya has profesionalizado a tus agricultores/ganaderos, que se han convertido en proveedores que cumplen con los requisitos establecidos por la organización y el mercado. Además, has dado pasos muy importantes en la parte comercial de la cooperativa, esa pata tan importante para el buen funcionamiento del negocio, y el número de clientes y el volumen de facturación ha ido creciendo de manera saludable.

Sin embargo, te sientes demasiado sólo: no has tenido tiempo de formar tu equipo de colaboradores, y ya va siendo hora de organizarse mejor y trabajar un poco menos.

 

 

Soy consciente de la enorme responsabilidad, incertidumbre y soledad que sientes como empresario de esa organización agroalimentaria que tienes entre manos. De cómo esa pelea por la superviviencia de tantos años, o de ese crecimiento tan fuerte de los últimos tiempos, no te ha dejado tiempo para pensar, reflexionar y aprender a gestionar. O del temor que sientes cuando el traspaso de poderes está tan cercano, y no te gusta cómo hoy se están llevando las cosas.

A partir de ahora, desde este blog intentaré darte todo el apoyo y ayuda posible. ¡Espero que lo encuentres útil!

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