Garrido Fresh Mentoring

Por José María Garrido Juango

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Llevaba tiempo queriendo escribir este post, y creo que ya ha llegado el momento.

Hace ya un porrón de años yo era un (aplicado) estudiante que, después de un par de meses como becario en un centro tecnológico, tuvo la enorme suerte de empezar a trabajar en una empresa. Es decir, pasé de estudiante a trabajador por cuenta ajena casi sin solución de continuidad.

Como ya sabes al seguir este blog, fueron 24 años en el seno de una empresa, si bien su desarrollo y evolución me permitió un crecimiento personal y profesional excepcionalmente rico. Me convertí en un directivo de campanillas en una organización que, en mis últimos tiempos, contaba con más de 1000 empleados, varios miles de puntos de venta, múltiples conexiones internacionales, y varias plantas de fabricación en España.

Hasta que, en un momento determinado, tomé la decisión de dejarlo todo atrás e iniciar una nueva etapa en mi vida, para diseñar este que es hoy mi proyecto profesional llamado Garrido Fresh Mentoring. Es decir, que de la noche a la mañana pasé a ser lo que hoy se conoce como emprendedor, aunque en términos técnicos era un profesional en transición o, dicho de una forma más coloquial, un desempleado.

Finalmente, y después de muchos meses en esa situación (los necesarios para sentirme con la capacidad suficiente para abordar el mercado y, también debo decirlo, para descansar un poco) pasé a ser profesional independiente o, como se conoce en términos más castizos, me convertí en un autónomo.

Pues bien, es de todo esto de lo que quiero hablarte hoy. Son situaciones muy (¡muy!) diferentes, y las quiero compartir contigo como siempre: desde un punto de vista muy personal.

 

El directivo

La verdad es que, desde el punto de vista profesional, yo siempre he sido “Director de…”. Desde el primer día en que me incorporé a mi empresa me asignaron el título de Director de Control de Calidad, aunque fuera una empresa de 20 empleados, y yo fuera en realidad director de mí mismo, ya que no tenía a nadie a mi cargo (digamos que era un director-operador). Todo fue cambiando y evolucionando muy rápidamente… pero ése no es el asunto de hoy.

Cuando trabajas en una empresa con un contrato fijo, la primera consecuencia de ello es… ¡que cobras una nómina! Una nómina es una cantidad fija de dinero que todos los meses se ingresa en tu cuenta corriente (que, dicho sea de paso, ya sólo por ese hecho es gratuita, te da acceso a una tarjeta de crédito, te permite conseguir las tarjetas de fidelización de Mango o Cortefiel y aplazar los pagos de tus compras, o conseguir una hipoteca). La nómina llega siempre, todos los meses la misma cantidad… independientemente de que ese mes hayas trabajado más o menos duro (otra cosa es que tu jefe se haya dado cuenta o no). Siempre el mismo ingreso, ni más ni menos.

Si trabajas en una empresa tienes un horario: se empieza a trabajar a una hora determinada, y se sabe la hora a la que (oficialmente) termina la jornada laboral. Además, lo habitual es que los lunes sean días diferentes a los viernes o sábados, e incluso, si tienes suerte, puede haber diferencias entre los horarios de invierno y verano.

Si trabajas en una empresa, tienes compañeros. Todos y cada uno de los días los ves y te ven, compartes la charla del café o las anécdotas durante la comida. Formas parte de un conjunto de personas normalmente bien definido, con unos objetivos teóricamente comunes y, por tanto, compartidos, y unos resultados que, de una u otra manera, dependen de todos. Para bien (quizás alguna vez para mal) te sientes acompañado y, de alguna manera, protegido. Los informáticos se ocupan de tus problemas con el ordenador, los administrativos de la contabilidad, el móvil ya viene con contrato cerrado y todo preparado, y si un día pierdes un avión, te roban la cartera o le pasa algo a tu coche, tienes alguien a quien llamar para que te ayude. En Navidad recibes una colación, y tienes la posibilidad de ir a una cena de empresa.

A poco que tengas una cierta responsabilidad, tu bandeja de Emails está siempre a rebosar. No es fácil concentrarse, porque la jornada está repleta de interrupciones (teléfono, necesidades de tu equipo, reuniones no programadas, la llamada inesperada de tu jefe, la irrupción destemplada de un compañero en tu oficina, etc.) Tus ideas deben ser, de alguna manera, discutidas y aprobadas, y tus decisiones pueden afectar a muchas personas, por lo que deben ser cuidadosamente meditadas.

Todo se mueve, independientemente de que tú lo hagas o no, así que, mejor si te pones a la velocidad de crucero, y mucho mejor todavía si tú la impulsas.

 

El desempleado

De la noche a la mañana ya no recibirás más nóminas, que son sustituidas por los 921,60 € (los primeros 12 meses…) de subsidio máximo sin hijos: esto es lo que hay, aunque tú y tu empresa hayáis estado cotizando años y años a niveles importantes. En tu condición de desempleado no puedes acceder a las tarjetas comerciales de pago aplazado y, sorprendentemente, tampoco puedes acceder a ciertos cursos de formación subvencionados para empleados con empresa… si bien puedes obtener una rebaja en la entrada al Museo del Prado.

Súbitamente… tu bandeja de entrada está desierta, y sientes un cierto mono al no tener una excusa perfecta para pasar el tiempo atendiendo los emails pendientes: de repente, ¡nadie te escribe! Aunque también es cierto que nadie interrumpe tu largo y ancho día, porque tu día puede ser todo lo largo y ancho que tú quieras: ya nadie te obliga a poner el despertador a una cierta hora, y te puedes pasar las horas que quieras (y a la hora que quieras) navegando por Facebook. Todo el mundo está haciendo sus cosas, pero nadie las hace a tu lado, porque estás completamente sólo contigo mismo. Así que, ya puedes ir aprendiendo a manejar las tripas de tu Outlook, la conexión con tu móvil, o a averiguar qué eventos te pueden interesar… porque nadie lo va a hacer por ti.

Tu estómago funciona más o menos como siempre, pero ahora tendrás que ser tú quien se saque las castañas del fuego: o aprendes a cocinar algo, o te hartarás de huevo frito y macarrones todos los días (aunque te recomiendo unos espaguetis con verduras Micro Florette, salteadas con unos ajicos: ¡están muy ricas!). Y, de paso, tampoco tienes ya ninguna excusa para no fregar los cacharros, lavar la ropa, cambiar las sábanas o limpiar el cuarto de baño. Tampoco nadie te obliga a hacer una lista de la compra bien confeccionada, porque puedes bajar todos los días: a por salsa de tomate hoy, aceite de girasol mañana, o un par de huevos pasado mañana. Tienes tanto tiempo, que incluso puedes ir a nadar a la piscina en horarios poco concurridos. ¡Es una suerte!

Pero es que, por no tener que hacer, ni siquiera tienes que buscar trabajo. Has decidido montártelo por tu cuenta, así que nada de buscar por los periódicos, visitar Infojobs, acudir a consultoras, o hacer llamadas a los contactos para este asunto.

Seguramente todo sigue moviéndose como antes, porque tú ya no lo notas. Si es así, ocurre fuera de ti, porque tú ya no estás subido en ningún tren.

La plena disposición de tu tiempo y de tu vida, la soledad más radical, y el riesgo de desorden y procrastinación se ciernen sobre ti… mientras los meses a 921,60 € van pasando…

 

El emprendedor

El despertador suena indefectiblemente a las 6:30 de la mañana: da igual la hora a la que te acostaras.

Un paseo mañanero antes de desayunar te ayuda a meditar: el sonido de tus propios pasos y el silencio de la mañana antes del amanecer favorecen el que tu mente se ponga en situación basal, sin pensamientos. Eso te ayuda a prepararla para la actividad del día, al mismo tiempo que la sangre empieza a circular por tus venas y el cuerpo se va activando.

Has establecido un horario que vas a cumplir a rajatabla. Tiempo para construir, para estudiar, para escribir, para las RRSS, para un listening, para leer… cuándo empezar, cuando parar, cuándo comer… cuándo tomar un café.

Las técnicas de productividad personal te enseñan a distribuir tus tareas diarias a lo largo del día, colocando las de mayor concentración y esfuerzo en las primeras horas, dejando las más automáticas y repetitivas para más adelante. Eres un trabajador del conocimiento (The Effective Executive, Peter Drucker), y el GTD (Getting Things Done, David Allen), con su organización y enfoque para sostener el control y la perspectiva, se convierte, más que en una herramienta, en toda una filosofía de vida. Tienes que configurar un proyecto empresarial propio, así que mejor ser lo más ordenado, sistemático y productivo posible.

La reflexión

No hay horarios para la reflexión: siempre te acompaña. Las mejores ideas pueden surgir en cualquier momento, así que mejor que tengas a mano un lugar donde volcarlas y registrarlas: frente al ordenador, en el coche, en la tienda, en la piscina, durante la cena o en la cama. Yo tengo ADN melómano, y me sorprendo a mi mismo después de haber pasado meses y meses sin haber escuchado música de manera consciente, ni siquiera en el coche; era como si mi mente tuviera que estar concentrada en todo momento, y la música podía abstraerme de dicha concentración. Simplemente, no me apetecía escuchar música.

La estrategia

Había que construir un proyecto profesional unipersonal poderoso, que es el resultado de la combinación consciente y planificada de palancas o herramientas que van desde la psicología al marketing, de la gestión de proyectos al diseño de una oferta profesional valiosa, de la visión y la estrategia a la innovación.

  1. AUTOCONOCIMIENTO: Persona, Elementos, Propósito
  2. ESTRATEGIA: Profesión, Público, Marca, Marketing, Venta, Estructura, Operaciones
  3. VISIBILIDAD: Promoción, Presencia

 Por qué yo

La formación

Cursos, seminarios, congresos, libros, blogs… Necesitas aprender mucho y de muchas materias, así que mejor que dispongas de una mentalidad (y una cartera) abierta y absorbente.

Tipologías de empresa, contabilidad para autónomos, emprendimiento, marca personal, mapas mentales, coaching, programación neurolingüística, el arte de presentar, storytelling, Lean Thinking, networking, finanzas personales, el arte de la venta, el poder de los hábitos… por no hablar del mundo 2.0: cómo conseguir seguidores en Twitter, o cómo escribir y publicar un libro en Amazon.

Al final de esta entrada te dejaré una lista de los mejores libros que (por el momento) han transformado mi vida.

Internet

Dominios, hosting, WordPress, copywriting, plugins, widgets, lead-magnet, landing page, pop-up, squeeze page…

MailChipm, Pinterest, Delicious, Feedly, Bitly, HootSuite, YouTube, Evernote, Facile Things, Manageflitter o Canva…

SEO, SEM, Analytics, creación y optimización de imágenes, marketing de contenidos, marketing de afiliación, blogging…

Cuando publicar en Linkedin, como manejar Facebook Ads, o el mejor momento para pasear por Twitter.

Y, por supuesto, gastos/inversiones: Imagen corporativa, registro de marca, web, TheNounProject, GoogleDrive, Spotify, MicrosoftOffice, LaTribuLifestyle, DonDominio, SiteGRound, Sutterstock, LastPass. MailTrack, AboutMe, antivirus Avast…

Ahora mismo estás en mi web, y más en concreto en mi blog. ¡No te puedes imaginar cuánto trabajo, cuántas horas y cuánto descubrimiento hay en la parte de atrás de estas palabras que estás leyendo!

Por cierto, hablando de este blog…

Networking

En este asunto, tan importante, simplemente te remito a mi entrada de hace unas semanas Networking: Tómate un café, con la que quise hacer un pequeño homenaje a todas las personas que me han inspirado y ayudado (y lo siguen haciendo) en esta nueva etapa de mi vida profesional.

 

El autónomo

El paso es muy importante: de ingresar desempleo, a pagar las cuotas de la Seguridad Social o el IAE (factures o no factures…), con opción de vuelta atrás en un periodo de 6 meses.

Dossier de ventas, clientes objetivo, prospectos (clientes potenciales): acción comercial.

¿Teléfono? ¿Email? ¿Contacto personal?

Nos encontramos de cacería. Consigues el acceso al prospecto. Tienes un máximo de 10 minutos para captar su atención. Le da igual quién eres, a qué te dedicas (aunque le tienes que soltar tu elevator pitch a modo de presentación)  o de dónde vienes (eso ya es pasado). Le da igual dónde trabajaste y qué hiciste. Le da igual cuáles son tus intenciones o cuáles son tus ideas y, lo más importante de todo: no quiere ni oír hablar de que vendes algo. Lo único que le interesa es saber si le vas a solucionar sus problemas o, mejor, en qué medida vas a transformar su vida. Y eso debes saberlo prácticamente sin escuchar su voz, sin ninguna pista directa, sino como fruto de tu conocimiento y de tu investigación. Debes conseguir que tus palabras le toquen literal y directamente, y es ahí donde puede (o no) levantar la vista y pronunciar las palabras mágicas: “Llámame en 15 días”.

Una primera entrevista, de nuevo absolutamente clave.

Se trata de que el cliente potencial tenga tal confianza en que tú y tus servicios van a mejorar su productividad y su beneficio que sienta el impulso de contratarte, sin que tú hagas el más mínimo movimiento de querer venderle nada.

Para ello debes preparar muy bien esa entrevista: web de la empresa, qué hay en Google sobre el empresario, preguntar a algún contacto, objetivo de la visita, orientación y orden de la conversación, posibles puntos de partida de él y tuyos, preguntas (inteligentes) a realizar, valor diferencial de tus servicios, tiempo disponible…

¿Quiere que le prepares un proyecto y una oferta? Ya puedes hacerlo muy bien… porque no es cuestión de precio, sino de valor percibido.

No es cuestión de precio, sino de valor percibido

Porque tendrás que luchar contra su sensación de riesgo de compra: “No tengo necesidad”, “Vamos a tener que dedicarle mucho tiempo”, “A mis empleados no les va a gustar”, “Puedo encontrar lo mismo más barato”… o la más peligrosa: «¡Estoy harto de consultores!»

¿Cuáles son sus recompensas, superiores a cada riesgo? ¿Dónde están los testimonios de otros clientes satisfechos?

Pero siempre hay un primer contrato, una primera aceptación que, ahora sí, te permite dar el salto a AUTÓNOMO.

Y… ¡ya está! ya eres tu propio jefe, tu comercial, tu contable, tu operario, tu director de Marketing, tu informático, tu secretario, tu enfermero, tu relaciones públicas, tu blogger, tu estratega y tu generador de nuevas ideas… con las mismas 24 horas de las que disponen el resto de los mortales. Envías (¡y cobras!) tu primera factura, con una sensación muy similar a cuando cobraste tu primera nómina. Y ya estás del lado de los que creen que una «baja» es «una señora pequeñita».

Aunque ahora tú y sólo tú eres dueño de tu propio destino: una situación que, a estas alturas, NO CAMBIO POR NADA DEL MUNDO.

 

ANEXO: Los libros que han transformado mi vida

EMPRENDIMIENTO

MARCA PERSONAL

PRODUCTIVIDAD

COMUNICACIÓN

FINANZAS

FUTURO

NETWORKING

VENTAS

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