Estrategia para el empresario agroalimentario

Por José María Garrido Juango

0 Comentarios

__CONFIG_colors_palette__{"active_palette":0,"config":{"colors":{"62516":{"name":"Main Accent","parent":-1}},"gradients":[]},"palettes":[{"name":"Default Palette","value":{"colors":{"62516":{"val":"var(--tcb-skin-color-0)"}},"gradients":[]},"original":{"colors":{"62516":{"val":"rgb(19, 114, 211)","hsl":{"h":210,"s":0.83,"l":0.45}}},"gradients":[]}}]}__CONFIG_colors_palette__
__CONFIG_colors_palette__{"active_palette":0,"config":{"colors":{"89b00":{"name":"Main Accent","parent":-1},"f4f63":{"name":"Accent Dark","parent":"89b00","lock":{"saturation":1}}},"gradients":[]},"palettes":[{"name":"Default","value":{"colors":{"89b00":{"val":"var(--tcb-skin-color-0)"},"f4f63":{"val":"rgb(28, 40, 49)","hsl_parent_dependency":{"h":206,"l":0.15,"s":0.27}}},"gradients":[]},"original":{"colors":{"89b00":{"val":"rgb(19, 114, 211)","hsl":{"h":210,"s":0.83,"l":0.45,"a":1}},"f4f63":{"val":"rgb(12, 17, 21)","hsl_parent_dependency":{"h":206,"s":0.27,"l":0.06,"a":1}}},"gradients":[]}}]}__CONFIG_colors_palette__
Artículo anterior
__CONFIG_colors_palette__{"active_palette":0,"config":{"colors":{"89b00":{"name":"Main Accent","parent":-1},"f4f63":{"name":"Accent Dark","parent":"89b00","lock":{"saturation":1}}},"gradients":[]},"palettes":[{"name":"Default","value":{"colors":{"89b00":{"val":"var(--tcb-skin-color-0)"},"f4f63":{"val":"rgb(28, 40, 49)","hsl_parent_dependency":{"h":206,"l":0.15,"s":0.27}}},"gradients":[]},"original":{"colors":{"89b00":{"val":"rgb(19, 114, 211)","hsl":{"h":210,"s":0.83,"l":0.45,"a":1}},"f4f63":{"val":"rgb(12, 17, 21)","hsl_parent_dependency":{"h":206,"s":0.27,"l":0.06,"a":1}}},"gradients":[]}}]}__CONFIG_colors_palette__
Artículo siguiente

En El trabajo del empresario de una PYME Alimentaria me refería a que el reflexionar sobre el futuro de la empresa es la tercera pata de la Tríada Mágica (Clientes, Empleados, Futuro) que constituye la esencia misma del negocio.

Pues bien, Futuro significa ni más ni menos que Estrategia.

 

Afilar el hacha

Con tu permiso, voy a contarte un pequeño cuento.

Érase una vez…

…un aprendiz que se acercó a un leñador muy experimentado, y le pidió que le enseñara todos los secretos del oficio. Al leñador experto le pareció muy bien, y así comenzó la formación del aprendiz.

El maestro fue enseñándole, paso a paso y de manera muy detallada, todas y cada una de las técnicas propias de la tala de árboles, toda la operativa.

Al cabo de tres meses, el aprendiz creyó que ya disponía de todas las habilidades propias de un leñador maduro y, movido por las ganas de acción propias de su juventud, retó al leñador experto a una competición para ver quién era capaz de cortar más árboles en un solo día. “Soy más joven y fuerte que él –pensó el joven leñador- y, como ya conozco todas las técnicas sobre cómo talar árboles, seguro que gano la apuesta”.

De nuevo, sin decir nada al respecto, el leñador experimentado aceptó.

En el día acordado, los leñadores se pusieron uno dando la espalda al otro, y cada uno comenzó a cortar árboles en direcciones opuestas del bosque.

El leñador joven cortaba los árboles con rapidez, movido por su ímpetu y su fuerza. “Si sigo a este ritmo, cortando árboles sin parar, al finalizar el día estoy seguro que habré cortado muchos más árboles”, pensaba. De vez en cuando miraba muy rápidamente al leñador experto y, efectivamente, su idea se confirmaba viendo que él llevaba más árboles cortados que el maestro. Además, también observaba que éste se paraba de vez en cuando, lo cual todavía le daba más ímpetu para aprovechar la ventaja que el leñador experto le concedía. “De vez en cuando se para; claro, es muy mayor, y necesita descansar cada cierto tiempo”, se decía a sí mismo.

Hacia la tarde, el leñador joven dejó de preocuparse por su oponente, y continuó cortando y cortando árboles sin parar.

Sin embargo, cuando terminó el día y contabilizaron la cantidad de árboles de cada uno, observó con sorpresa que el leñador experimentado había cortado unos cuantos más que él, lo cual le sumó en el desconcierto. “No puedo entender qué ha pasado”, dijo; “yo no he parado de cortar árboles ni un momento, mientras tú dejabas de hacerlo de vez en cuando. ¿Cómo es posible que hayas cortado más árboles que yo?”, preguntó el joven e inexperto leñador.

“Porque yo paraba de vez en cuando para afilar mi hacha”, respondió el maestro con una dulce sonrisa en su rostro.

 

Estrategia = Futuro

Alberto López publicaba recientemente en managersmagazine.com una interesante reflexión titulada Estrategia, sin tanta liturgia.

En dicho artículo, Alberto realiza un somero repaso a la evolución del concepto de estrategia empresarial, que se inició “con solidez” a mediados del siglo XX. Señala también cómo en los últimos años han aparecido corrientes que afirman que vivimos “malos tiempos para la estrategia” e incluso invitan a “no diseñar estrategias ni estructuras”.

Sin embargo, el autor toma posición, con gran sentido común, cuando afirma que “Se diría que la empresa de cierta dimensión habría de albergar —incluso formular— una visión sobre su futuro, unos objetivos o metas de prosperidad deseadas para el medio-largo plazo; como también habría de realizar una elección sobre las políticas, las ideas a desplegar tras aquellos fines, y asimismo sobre los medios específicos (táctica) a poner en marcha, tanto en lo referido a la acción exterior como a la gestión interna de la organización. Todo ello, con una buena dosis de audacia, astucia, afán de logro e inteligencia, y sin perder de vista el rumbo de los acontecimientos”.

 

El problema no es el concepto, sino su aplicación

Ya he comentado anteriormente en este blog cómo, a finales de los 90, me quedé pasmado ante la pregunta “¿Cuál es la Estrategia de tu empresa”, a la que no supe qué responder (ver Caos creativo: ¿gobiernas tu empresa o te gobierna ella a ti?). Efectivamente, en aquel tiempo ya había muchísima literatura al respecto, ya que, como hemos dicho, la cuestión de la estrategia empresarial había surgido de manera muy sólida mediado el siglo XX como respuesta, precisamente, a la idea de que los directivos parecían desatender el futuro. De hecho, nosotros estuvimos varios años intentando encontrar, sin mucho éxito, algún tipo de herramienta que nos ayudara a coordinar y sistematizar una determinada visión coherente de futuro.

Unos años después, y con motivo de nuestra incorporación a un entorno multinacional, desde la casa matriz nos empezaron a llegar unos tochos absolutamente infumables denominados Plan Estratégico, que debíamos rellenar cada año con una visión a tres años. Se trataba de unos documentos extraordinariamente exigentes en el contenido y en el detalle, que requerían un trabajo de muchas semanas y que, al final, terminaban siendo incontrolables e impracticables.

La formulación de la Estrategia es la concreción del análisis del futuro, y debe realizarse de la manera más adecuada a las características de cada organización

¿Quiere esto decir que formular una Estrategia es un trabajo excesivo y poco útil? Definitivamente no. No se debe confundir el concepto (reflexionar y plasmar una visión sobre el futuro) con una determinada metodología o aplicación práctica. Afrontar la formulación de una Estrategia puede ser algo desconocido, en otras ocasiones puede basarse en una metodología inasumible, e incluso puede dar miedo, pero no debe confundirse el fondo con la forma. Es aquí donde reside la clave: hacerlo de la manera adecuada a cada organización.

Como el propio Antonio López señala, “Parece aceptable que solo se aspire a mantenerse a flote: es una decisión legítima; pero, en nuestro tiempo, se diría que la competencia exige pasar de la reactividad a la proactividad, por no hablar expresamente de la creatividad, la investigación, la innovación. En todo caso, se es más fuerte teniendo un objetivo específico, acaso singular, por el que valga la pena combatir. Tal vez no deberíamos hurtar a las personas la satisfacción de contribuir a la consecución de metas socialmente atractivas, que ejerzan magnetismo.”

 

Escuela de Dirección Cristóbal Colón

Efectivamente, lo habitual en el entorno de la PYME Agroalimentaria española es que la mayoría de las empresas, o mejor dicho, la mayoría de los empresarios agroalimentarios, dedican mucho tiempo (demasiado) a lo operativo (cosa que, por cierto, hacen bastante bien), pero son reacios, en muchas ocasiones por desconocimiento metodológico, a trabajar el Pensamiento estratégico (es decir, definir el a dónde ir) y la Planificación estratégica (o sea, el cómo conseguirlo).

Es lo que se denomina la Escuela de Cristóbal Colón:

  1. Cuando zarpó, no sabía en realidad a dónde iba
  2. Cuando llegó, no sabía en realidad dónde estaba
  3. Cuando regresó, no supo decir dónde había estado realmente.

Sabemos bien que todo esto fue cierto en el caso de Colón. Visto así, no parece que el pobre Cristóbal tuviera mucho éxito. Y, efectivamente, nunca pudo gozar de los auténticos honores ligados a una gesta de tamaña magnitud.

 

Esta misma semana, un empresario me regalaba unas afirmaciones que son una fotografía clara de la realidad del sector:

  • “Creo saber a dónde quiero llegar, pero no sé bien cómo hacerlo”
  • “Quiero crecer, pero de forma racional”
  • “Quiero delegar, sin volverme loco”

 

La Estrategia para el empresario Agroalimentario

“La existencia del ser humano no está definida solamente por lo que es, sino por lo que quiere ser”, Ortega y Gasset

Clinton stupid
Bill Clinton supo capturar la esencia del cambio necesario en el 92. Ganó las elecciones

 

Para afrontar lo que está ahí delante no es suficiente con tener ideas, disponer de productos más o menos atractivos, o de modalidades de contratación dependientes de una u otra legislación laboral Ni siquiera se trata de la mejora de la productividad o de la atención al cliente… si todas esas acciones se abordan de manera aislada, inconexa o incluso incoherente, y sin un análisis previo de a dónde queremos ir, y cómo vamos a hacer ese camino. La Planificación estratégica es lo que da sentido y coherencia a todas y cada una de las actividades de la empresa, además de dar horizonte a los integrantes de la misma.

El Presupuesto y la Cuenta de Explotación no tienen sentido sin una definición previa, clara y bien desplegada, de aquéllo que vamos a hacer. Primero, a dónde vamos, por qué y cómo, y después, la dotación de recursos (también financieros, por supuesto).

 

Estrategia flexible, y adaptada a tu organización

Para poder afrontar el futuro necesitas establecer tu Estrategia. Pero no te sirve cualquier modelo. El que necesitas es aquel que te permita una formulación estratégica:

  1. adaptada a la realidad y necesidades de tu empresa, y
  2. lo suficientemente flexible como para atender a las señales de este mundo incierto y en cambio constante a velocidad de vértigo (ver Pyme Agroalimentaria: el Cambio es la única opción)

 

No te limites a cortar árboles: debes pararte a afilar el hacha, y hacerlo como es debido.

Simplemente tienes que tomar la decisión de empezar, y de empezar ya.

Te aseguro que el camino es apasionante.

Te lo digo por experiencia.

{"email":"Email address invalid","url":"Website address invalid","required":"Required field missing"}
>