Por José María Garrido Juango

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Hoy todavía nos encontramos en pleno confinamiento; una “cuarentena forzosa” que ni siquiera sabemos cuándo ni cómo terminará.

Y hoy tampoco tenemos ni idea (en realidad, nadie lo sabe aún) de cuándo ni a qué coste volveremos a la normalidad, alejados ya los fantasmas de un virus destructor, y también asesino.

Seguramente el final definitivo se producirá al ser diseñada una vacuna eficaz, tener la capacidad de producirla a escala mundial, y realizar la inmunización masiva de la población. Un reto de unas dimensiones tan colosales que la mirada al (como poco, mediados) 2021 es ya obligatoria.

Pero hay algo que sabemos con absoluta certeza: nos encaminamos hacia una recesión económica y social sin precedentes: nunca había ocurrido algo semejante.

Una crisis global, absoluta y coincidente en el tiempo, consecuencia de una desconexión voluntaria de la economía, y cuya profundidad y dureza estará marcada por el tiempo que se tarde en conseguir la previa y necesaria solución sanitaria definitiva.

Soy un lego total en economía global, y “doctores tiene la Santa Madre Iglesia” que tendrán que ocuparse de semejante pastel desde el punto de vista macro.

Pero sí que me considero «hombre de empresa», y en particular de la agroalimentaria, con la cierta experiencia que me hizo vivir otras crisis, como la de 1993 o la más reciente de 2008.

En ese sentido, las crisis pueden ser más o menos profundas, más o menos duraderas, pero cómo afrontarlas en el seno de una Pyme agroalimentaria, los elementos que tenemos en nuestras manos y sobre los que podemos influir y decidir, creo que, sinceramente, son siempre muy parecidas.

Tenemos nuestras Fortalezas, que tenemos que mantener y afianzar.

Ante nosotros se presentan las Amenazas, que debemos observar y frente a las que tendremos que protegernos de la mejor manera posible.

Pero seguimos adoleciendo de unas Debilidades ante las que ya no se puede esconder la cabeza, y que de una vez por todas tenemos que afrontar y resolver. Poco a poco, una a una, pero con firmeza y determinación, porque cada vez nos queda menos tiempo. Debilidades a las que, ahora más que nunca, hay que meter mano sin pretender inventar la rueda.

Y disponemos de unas Oportunidades que, si no las aprovechamos, perderemos definitivamente el tren del futuro. Porque lo harán otros.

Éste es el momento de que decidas cómo será tu empresa agroalimentaria después del coronavirus.

 

La importancia del sector agroalimentario para España

Empiezo con algo más que evidente:

Por mucho que el lenguaje bélico esté de moda en esta crisis, esto no es (afortunadamente) ni una guerra ni un terremoto. No hay que reconstruir puentes ni carreteras; siguen ahí.

Por razones obvias, la vertiente HORECA (Hostelería, Restauración y Catering) ha quedado prácticamente detenida, y dadas las perspectivas sanitarias a corto y medio plazo (bares, restaurantes, eventos, comedores colectivos), el conjunto de esta cadena de suministro ya debería de estar a estas horas en plena reformulación de su modelo de negocio.

Por contra, la vertiente Retail sigue funcionando a pleno rendimiento, incluso con aumentos más o menos significativos debido al traspaso del consumo desde restauración al hogar.

Globalmente podemos afirmar (sobre todo comparado con otros sectores absolutamente paralizados) que nuestro sector está aportando lo mejor de si mismo, y eso se debe notar en la cuenta de resultados a corto plazo.

Una vez más, el sector agroalimentario español (el sector industrial más importante en términos de aportación al PIB) está dando la talla, y más que la va a tener que seguir dando en los meses venideros.

El sector agroalimentario va a seguir siendo un baluarte esencial del sustento de la economía del país.

 

Una de las características diferenciales (por negativa) de nuestra economía es la gran sensibilidad del empleo a las crisis, recesiones y depresiones (de nuevo una previsión de +20% de desempleo para este año). Si a ello le unimos la supuestamente alta tasa de “empleo sumergido”, más el miedo inherente en estas épocas, la consecuencia inmediata parece clara: drástica disminución del consumo interno.

Al margen del consuelo de que “todo el mundo va a seguir alimentándose” y, por tanto, consumiendo nuestros productos, el lado positivo es que la situación del sector hoy es sensiblemente diferente a la del 2007.

A partir de 2009, nuestras empresas agroalimentarias se las ingeniaron para innovar, buscar mercados y exportar como nunca.

La calidad de nuestros productos, su seguridad indiscutible, lo atractivo y saludable de nuestra dieta, y el reconocimiento internacional de todo ello, van a seguir estando ahí.

Por mucho que los vientos del proteccionismo se vislumbren en el horizonte a corto plazo, el cierre de fronteras (real y mental) es un anacronismo que no tiene razón de ser (ni de otros hacia nuestros productos, ni de nosotros hacia productos de terceros), y la calidad, la innovación y la competitividad serán las armas que continuarán marcando las reglas de juego.

Y también va a seguir estando fuerte el impulso emprendedor (energía, fuerza interior y capacidad de esfuerzo) de nuestros empresarios, al que se une una resilencia (capacidad para superar situaciones traumáticas) puesta de manifiesto en múltiples ocasiones.

 

Lecciones para aprender

Nuestro sector agroalimentario (como en general el tejido económico de nuestro país) es PYME, y la fuerza del mismo es la suma de muchas (alrededor de 30.000) pequeñas y medianas empresas.

Las posibilidades de aprender y de actuar, por tanto, se circunscriben a las decisiones que se tomen en cada una de ellas; al camino que se quiera emprender en cada empresa, individual y colectivamente.

Por ejemplo, la tuya.

 

Ya he destacado en otros posts los 3 aprendizajes que podemos extraer de lo que estamos viviendo en este momento en nuestras empresas:

  1. La capacidad de aglutinar voluntades en pos de un Propósito, en este caso el de mantener abastecida a la población.
  2. El significado del auténtico Liderazgo puesto de manifiesto por el empresario.
  3. La fuerza interior y los resultados que brinda el Compromiso de los empleados.

Estas 3 experiencias, por haberse hecho tangibles (vividas) en cada organización, deberían sentar las bases de un cambio cultural que la mayoría de de nuestras PYMEs necesitan.

 

Palancas para salir reforzados

Aquí no hay sorpresas: deberemos seguir impulsando la competitividad de nuestra organización.

Podemos definir la competitividad como la relación entre la generación de Valor (o mejor, la facturación resultante de esa entrega de Valor), dividido por el coste de producirlo:

 

Competitividad=Generación de Valor/coste de producirlo.

 

En este sentido, no debería haber ninguna sorpresa: se trata de seguir impulsando la eficiencia (reducción de costes superfluos)

No sólo la productiva, sino también la organizacional (la Empresa Fantasma).

Pero no con voluntarismo, sólo con buenas intenciones o “a impulsos” (lo que algunos denominan con acierto Gestión por Ocurrencias).

Se trata de disponer de un SISTEMA, que:

  • establezca responsabilidades bien definidas;
  • analice Procesos;
  • establezca indicadores;
  • permita tomar decisiones a partir de datos;
  • favorezca la comunicación interna, y
  • facilite un verdadero trabajo en equipo.

Que declare la guerra (¡ahora sí!) al Caos Creativo.

Que aporte, en fin, una sistemática para la mejora de dicha eficiencia, al tiempo que aumenta la eficacia, y con ella, la confianza del cliente.

 

Pero la auténtica palanca es, a mi juicio, la capacidad de aumentar la generación de Valor.

Algo que se encuentra en el interior de la empresa (el empresario + los empleados), y en toda su cadena de suministro (proveedores, aliados, partners, etc).

Porque este es el auténtico desperdicio de nuestras PYMES: el bajo aprovechamiento de todo el know-how que se encuentra encerrado en sus Personas.

Y que esta crisis ha hecho aflorar de forma clara y explícita, a través del Propósito, el Liderazgo y el Compromiso.

El desperdicio de las PYMEs agroalimentarias: el know-how que atesoran sus Personas Clic para tuitear

 

Conviértete en el Líder de tu Tribu

Tienes que tomar ya la decisión de dejar de gobernar tu empresa como un cortijo, en el que tú decides qué hay que hacer, para que el resto se limite a obedecer.

Tienes que pensar en tu gente como una tribu a la que tú tienes que liderar.

Y eso significa que tienes que generar el caldo de cultivo para que quieran seguirte, para que se comprometan contigo de la única manera en que esto funciona: en base a su voluntad libre. Nadie te seguirá, si no quiere hacerlo.

Para conseguirlo tan sólo tienes que mirar a tu alrededor, aprender de lo que está pasando estas semanas, y poner en práctica los elementos para mantenerlo y acrecentarlo.

Dales una Visión, un Propósito, un PORQUÉ unirse a ti para soñar más alto, para aprender más, para HACER y para SER más.

El objetivo de cualquier «Líder Tribal» es encontrar valores compartidos que unan a la tribu. Descubre esos Valores sin los cuales la vida no merece la pena ser vivida, y ponlos en el centro de todas tus decisiones. Replantea o elimina cualquier cosa que no sea consistente con la Visión y los Valores.

Y establece de una vez por todas el Sistema que de una consistencia sólida a tu funcionamiento interno.

 

Tú decides cómo será tu empresa después del coronavirus

Vivimos una crisis histórica, y los próximos meses van a ser cruciales.

Éste es el momento de decidir la dirección que va a tomar tu empresa.

Debes ser consciente de que la Historia se está acelerando. El viejo libro de reglas está quedando hecho trizas y el nuevo se está todavía escribiendo. Pronto un nuevo orden emergerá y se solidificará, y, por tanto, el momento de decidir la dirección que va a tomar tu empresa es éste.

Nuestro mayor enemigo no es el virus, sino la cerrazón, la inercia y el «esto es lo que sé hacer, y no lo voy a cambiar».

Para salir de ésta vamos a necesitar mucha sabiduría, y la sabiduría es la mezcla de talento más humildad.

Por un lado, el vernos inmersos en la incertidumbre puede hacernos nublar la vista, y echar por tierra todo lo que se ha generado durante esta primera fase de la crisis.

O salvaguardar el impulso de aprovechar esta gran oportunidad para dar, de forma definitiva, un salto cualitativo que ponga a tu empresa a otro nivel.

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