claves del liderazgo

Por José María Garrido Juango

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“Tienes el equipo más cohesionado, ilusionado y motivado de la empresa. ¿Cuál es el secreto? ¿Cómo podemos extenderlo al resto de la organización?”

Cuando mi jefe pronunció estas palabras, hace ya algunos años, no supe qué responder.

Aunque, la verdad, yo mismo era consciente de ello. En ocasiones, cuando hacía un pequeño alto en la actividad diaria en mi empresa (por ejemplo, cepillándome los dientes después de comer…), solía intentar un ejercicio de mezcla entre corazón y mente para hacerme consciente a mí mismo de la fortuna que estaba disfrutando.

Un equipo de 27 personas distribuido en 9 en Calidad, 7 en Recursos Humanos, 3 en I+D, y 3 en Prevención y Desarrollo Sostenible, más 5 Managers al cargo de aquellos departamentos, en una organización de 1.500 personas y 4 plantas de fabricación. Un equipo con el mayor compromiso que he conocido en mi vida, y que yo gestionaba en base a mi propia forma de entender las relaciones y los vínculos de trabajo.

 

Cuando mi jefe me hizo aquéllas preguntas, no supe qué decir. Pero ahora que debo transmitir esa experiencia para que mis clientes puedan aplicarla en sus empresas, no he tenido otro remedio que analizarlo y conceptualizarlo de la forma más didáctica posible.

Porque ya no puedo excusarme. Te estoy hablando continuamente de la importancia del liderazgo como elemento esencial de la tan deseada motivación y compromiso de los empleados de tu empresa agroalimentaria. Y es lógico que me hagas las mismas preguntas: “¿Cuáles son las claves? ¿Cómo puedo implantarlo en mi propia organización?”

Pues bien, hoy quiero darte mi punto de vista de cuáles son las 3 claves básicas del liderazgo.

 

Clave #1 del liderazgo: Integridad

En alguna ocasión he leído la definición de integridad como “el valor que nos atribuimos nosotros mismos”. Es por aquí por donde hay que empezar.

Es esencial tener muy claros nuestros valores personales, profundos. Esos principios, bien identificados, nos van a servir de norte a la hora de tomar nuestras propias decisiones: es la autoconciencia, resultado del proceso de autoconocimiento.

Eso te va a permitir tener una imagen clara de lo que quieres, levantarte cada mañana con  ese objetivo en la mente, y actuar de forma coherente en base a tu propia voluntad independiente.

Pueden cambiar las circunstancias, los modelos, los sistemas, los requisitos, las condiciones… pero la consciencia de nuestros principios y objetivos deben estar continuamente presentes. Así, las acciones cotidianas, pero también las grandes decisiones, se ordenan en torno a esos valores.

La integridad personal genera confianza, que constituye la base de las relaciones humanas saludables. La falta de integridad suele socavar cualquier otro esfuerzo tendente a generar confianza.

Integridad significa ser capaz de:

  1. mantener las promesas, y
  2. satisfacer las expectativas,tanto de uno mismo como de los demás.

Esto requiere ese carácter integrado con uno mismo en cuanto a valores, objetivos y acciones.

Uno de los modos más importantes de poner de manifiesto la integridad consiste en ser leales con quienes no están presentes. De esa manera construimos la confianza de los que sí lo están. Cuando uno defiende a quienes están ausentes retiene la confianza de los que están presentes.

Al final…

Integridad significa tratar a todo el mundo siguiendo los mismos principios de lealtad.

Integridad, confianza, lealtad: tres grandes valores en la base misma del liderazgo.

 

Clave #2 del liderazgo: Madurez

Cuando somos unos críos el mundo gira alrededor nuestro. Una de las características objetivas más significativas de un niño es el egocentrismo.

Así nos ocurre que, al llegar a la adolescencia y empezar a salir el mundo, nos sentimos excluidos e incomprendidos: empezamos a tomar las riendas de nuestras relaciones con los demás, y somos cada vez más conscientes de que tenemos que tener en cuenta a los otros.

En esta línea, hay una magnífica definición de madurez expresada por Hrand Saxenian, profesor de la Harvard Business School: “La capacidad para expresar los propios sentimientos y convicciones, combinada con el respeto por los pensamientos y sentimientos de los demás”.

Estamos hablando, pues, del equilibrio entre el valor que uno tiene de sí mismo, y la consideración y el respeto por los demás.

Ser  consciente de tu propia fuerza… y amable con los otros.

Ser capaz de compaginar la confianza en uno mismo… con la empatía hacia las otras personas.

Tengo capacidad, recursos y poder… que los pongo al mismo nivel que las cualidades, necesidades y puntos de vista del que tengo enfrente.

Colocarnos en el cuadrante del máximo valor sobre nosotros mismos, y la máxima consideración por los demás.

Si estoy alto en consideración y bajo en valoración personal, tendré tan en cuenta las consideraciones y deseos del otro que me faltará valor para expresar y posicionar los míos: liderazgo afiliativo puro.

Algo mucho más habitual en los organigramas empresariales: estar muy alto en valoración personal y bajo en consideración a los otros. Seré agresivo, egocéntrico, sin tener en cuenta las convicciones de los demás. Y para compensar mi falta de madurez interna y de inteligencia emocional puedo extraer la fuerza necesaria de mi posición y mi poder, o de mis títulos, o de mi edad: el más puro estilo de liderazgo coercitivo.

El equilibrio entre mi valoración personal y la consideración a los otros es el signo de la madurez real. Si lo tengo, puedo escuchar y comprender empáticamente, pero también afrontar las cosas desde mi propia seguridad.

Madurez significa ser capaz de compaginar la confianza en uno mismo con la empatía hacia las otras personas.

Clave #3 del liderazgo: Hay para todos

Muchas personas ven la vida como si hubiera pocas cosas, sólo una tarta. Y si alguien consigue un trozo grande, necesariamente otro se quedará con menos.

Es un paradigma de suma cero que, sinceramente, yo creo que no tiene por qué darse en la empresa.

Las personas con esta mentalidad se sienten mal si tienen que compartir reconocimiento y mérito, poder o beneficios, incluso aunque sea con quienes le ayudan a que la empresa crezca y sea algo importante.

Pero es que también se sienten mal ante los éxitos de otras personas, incluso, y especialmente, cuando se trata de miembros de la propia familia, amigos íntimos, asociados o compañeros. Cuando alguien recibe un reconocimiento especial, una ganancia inesperada, tiene un éxito notable o alcanza una meta importante, casi les parece que se lo han arrebatado a ellas.

Aunque parezcan felices por el éxito de los demás, por dentro la envidia les corroe. Su sentido de la propia valía proviene de las comparaciones, y el éxito de otro en alguna medida significa su propio fracaso. A menudo albergan la esperanza de que los otros sufran alguna desdicha aceptable que los ponga en su sitio.

Es una situación muy frecuente en las empresas: actuando a la defensiva, con desconfianza. Siempre comparando, siempre compitiendo. Dedican sus energías a lograr posesión (de cosas, de poder, de resultados, de dinero… o de personas) para aumentar su sensación de valía. Para ellas es difícil ser parte de un equipo con miembros complementarios (¡una auténtica riqueza, te lo aseguro!): consideran las diferencias como signo de insubordinación y deslealtad.

Enfrente de ellos, las personas con mentalidad “hay de sobra para todos” tienen una profunda sensación interior de valía y seguridad personales. Piensan que en el mundo (y en la empresa) hay suficiente como para que nadie se quede sin lo suyo. El resultado es que se comparten el prestigio, el reconocimiento, los medios, la toma de decisiones, los éxitos, las dificultades, la rentabilidad. Se generan posibilidades, opciones, alternativas y creatividad.

El reconocimiento de las posibilidades ilimitadas de crecimiento y desarrollo de la interacción positiva. Hablo de trabajo conjunto, de comunicación conjunta, de lograr juntos que sucedan cosas imposibles de obtener mediante esfuerzos independientes y aislados.

La empresa con sus retos, problemas, objetivos y proyectos. Los empleados con su energía, sus aspiraciones, sus metas, sus ganas de desarrollo y de progreso. Y la conjunción de ambas, que denominamos compromiso, en base al auténtico trabajo en equipo a través de la fuerza motriz del liderazgo.

En el proyecto que es la empresa hay de sobra para todos

¡Este  es el auténtico espíritu GANAR-GANAR!

 

Las consecuencias

Confianza del otro basada en la integridad personal y la lealtad.

Madurez como equilibrio entre la seguridad en uno mismo y la empatía con los demás.

Multiplicación de resultados en base al trabajo en equipo con mentalidad “ganar-ganar”, centrada en el convencimiento de que yo gano cuando el otro gana.

Ese es el secreto.

Como empresario tienes todas las facultades, las posibilidades y la capacidad para crear en tu empresa una cultura basada en estos principios.

Una oportunidad única para generar un liderazgo que te permita establecer relaciones de la máxima calidad y alcanzar acuerdos y sistemas de organización interna que multipliquen tus resultados… y los de tus empleados.

Un liderazgo, tu propio liderazgo, que haga que en tu organización exista una cultura única y unificada.

No digo que sea fácil. Pero tú puedes hacerlo, y yo diría que tienes la gran responsabilidad y el enorme reto de hacerlo.

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