prescriptores del valor

Por José María Garrido

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Recientemente tuve la oportunidad de conversar con una persona que, para mí, es una magnífica muestra de los nuevos profesionales agroalimentarios.

Se trata de un joven licenciado en Tecnología de los Alimentos, con amplio curriculum formativo y alto nivel de inglés, que ya va atesorando sus primeras experiencias en la empresa agroalimentaria.

Después de sus primeros años en una pequeña planta de fabricación española de una importante multinacional, recientemente ha movido mochila y residencia hacia una empresa familiar para desempeñar el puesto de Responsable de Seguridad Alimentaria, donde ya se enfrenta a la primera certificación IFS de la organización.

Mi interlocutor es un hombre de mente abierta, muy comunicativo y con amplitud de miras, constantemente abierto al aprendizaje y con enormes ganas de progresar profesionalmente, al tiempo que es consciente de que el camino se construye paso a paso, demostrando así paciencia y claridad de ideas.

Como tantos otros, ama nuestro sector y demuestra Orgullo Agroalimentario. Inquieto e inconformista como pocos, se mueve en la empresa con humildad pero con sano sentido crítico ante lo establecido, sin aceptar la consabida frase de “las cosas siempre se han hecho así”.

A pesar del sentido vocacional que le da a su trabajo, me puso de manifiesto que empieza a tener la sensación de que la función Seguridad Alimentaria en sí misma quizás tenga poco recorrido a la hora de plantearse su progreso profesional, confesándome que en ocasiones piensa en la posibilidad de formarse en otros ámbitos de empresa, como Logística, o Compras. Es decir, en otras formaciones técnicas.

Ante estos comentarios, me permití relatarle una vivencia que yo experimenté hace años en mi empresa.

 

“¡Estoy harto de los buenos técnicos!«

Llevábamos unos 10 años con nuestro proyecto empresarial. Habíamos desarrollado la categoría de la IV Gama en España, y éramos los líderes indiscutibles de nuestro mercado. Todo aquello se había construido en base a mucho esfuerzo, mucho tesón, grandes aciertos y unos cuantos errores, pero también en base a una cultura que nos identificaba y con la que nos encontrábamos muy cómodos, como en casa.

Pero la empresa había crecido mucho, y en los últimos tiempos se habían incorporado a gran velocidad personas en puestos relevantes que no habían vivido, que no habían mamado aquella cultura. Y sentíamos que las cosas no iban del todo bien, que algo estaba haciendo cambiar, poco a poco, la forma de entender el negocio.

El jefe se reunió con algunos de nosotros para reflexionar sobre la situación, y empezamos a analizar las características profesionales de unos y otros. En un momento determinado, y refiriéndonos a un directivo incorporado recientemente, recuerdo que yo hice el comentario de que, en mi opinión, aquel era “un muy buen técnico en su campo”. Y fue entonces cuando el jefe soltó aquella atronadora frase: “¡Estoy harto de los buenos técnicos!”

Con aquella manifestación nuestro fundador y director general nos dejaba claro que para ser un buen profesional de empresa no es suficiente, ni mucho menos, con ser un gran técnico en tu materia (compras, ventas, producción, calidad, finanzas, informática).

Para ser un gran profesional de empresa son necesarias, además del conocimiento técnico, una serie de cualidades que, siendo intrínsecas al individuo, son extrapolables a muchos puestos de trabajo y organizaciones. Tiempo después descubrimos que aquello que sentíamos que era necesario, es lo que se denominan competencias.

 

Lo que con ello quería decirle a mi joven interlocutor era que, independientemente de cuál fuera su especialidad técnica, si quería progresar profesionalmente necesitaba ser consciente, desarrollar, e incorporar a su mochila una serie de competencias y habilidades, cada vez más demandadas por las empresas.

Son los denominados Prescriptores del Valor, es decir, aquellas características de un individuo que, cuando se manifiestan mediante comportamientos de un determinado nivel, aportan alto valor a una organización. Y por eso las empresas, y cada vez más también las agroalimentarias, buscan profesionales con un nivel alto de estas competencias.

 

Los Prescriptores del Valor

Mi joven amigo me pidió que se lo explicara, por lo que entramos al análisis y descripción de dichos prescriptores.

#1. El liderazgo de directivos y mandos

Ser un gran profesional implica, casi por definición, Gestión de Personas (a veces pienso que, simplificando, se trata tan sólo de eso).

Aunque todavía no tengas equipo a tu cargo, ten por seguro que, si vas a progresar, tarde o temprano lo vas a tener. Y ahí es donde te la empiezas a jugar.

El liderazgo es la competencia básica y esencial de todo buen profesional.

Como ya hemos dicho ampliamente en este blog, Liderazgo es el arte de ejercer una influencia sobre las personas que permite incentivarlas para que trabajen en forma entusiasta por un objetivo común. Es la función que ocupa una persona que se distingue del resto y es capaz de tomar decisiones acertadas para el grupo, equipo u organización que corresponda, inspirando a los integrantes de su equipo a alcanzar una meta común.

Llegados a este punto, empecé a hacer una serie de preguntas a mi interlocutor para intentar clarificarle los conceptos.

  • ¿Diriges a tu equipo de colaboradores de forma que trabajen juntos de manera eficiente?
  • ¿Involucras y motivas a los miembros de tu equipo, tratando de mejorar la capacidad de los mismos para conseguir resultados?

#2. Sentido y Estructuración del trabajo

Significa ser capaz de prever cómo los nuevos acontecimientos o situaciones afectarán a las personas y grupos dentro de la organización.

Implica tener la capacidad de pensar en la empresa como negocio, más allá de la propia área, teniendo en cuenta los grupos de interés (clientes, accionistas, empleados y sociedad) y cómo desde su responsabilidad cada uno contribuye a los resultados globales a través de una dinámica de satisfacción del cliente interno.

  • ¿Identificas cómo contribuyes al conjunto de la empresa, a través del desempeño de tus funciones y responsabilidades?
  • ¿Comprendes la influencia que las variables externas (mercado, entorno,…) tienen en la empresa?

#3. Trabajo en equipo

Supone orientar los intereses particulares hacia los intereses grupales y participar activamente en el funcionamiento del equipo al que perteneces, así como disponer de una permanente vocación de ayuda y colaboración con los demás en la consecución de objetivos comunes.

  • ¿Actúas para facilitar el funcionamiento del grupo del que eres parte?
  • ¿Facilitas la cooperación entre personas de distintas áreas para la consecución de objetivos y resultados comunes?

#4. Toma de decisiones

Supone dar respuesta a los asuntos, problemas u oportunidades que se te plantean, desde aquellos que son más recurrentes en tu puesto de trabajo hasta aquellos que, siendo ajenos a tu ámbito de actuación, te son encomendados.

Significa mostrar capacidad para actuar con determinación, rapidez y seguridad en situaciones de incertidumbre, analizando la información y asumiendo las consecuencias.

  • ¿Muestras decisión a la hora de resolver asuntos que se te plantean en tu puesto de trabajo?
  • ¿Actúas de forma ágil cuando te enfrentas a un problema, oportunidad o situación?

#5. Flexibilidad, Generación de Conocimiento e Innovación

Supone promover los cambios, adaptarse a las nuevas situaciones y necesidades, e innovar, abarcando desde las acciones específicas de mejora continua hasta el cuestionamiento de los paradigmas establecidos en la organización.

Asimismo, supone demostrar disposición ante el aprendizaje continuo, poniendo énfasis en las nuevas formas de hacer.

  • ¿Te adaptas a los cambios que se producen en la organización?
  • ¿Te esfuerzas por innovar, buscando alternativas y nuevas vías que lleven al logro de los objetivos?

 

¿Cambiar de oficio, o mejorar tus Prescriptores del Valor?

Como le comente a mi joven interlocutor, en el mundo del trabajo en empresa hay otras competencias, pero posiblemente estas 5, junto al Compromiso, son las más importantes a la hora de establecer el valor que un profesional aporta a su organización en su actividad diaria, a través de sus actitudes y, sobre todo, de sus comportamientos.

Junto a la medición de objetivos, los Prescriptores del Valor son los elementos esenciales en la valoración del desempeño, y suponen la aplicación de la inteligencia al trabajo. Suelen dividirse en niveles (4), siendo mayor el valor aportado en tanto en cuanto tus comportamientos en tus actividades laborales se van situando en los niveles más altos.

Con esta referencia ya podría empezar a trabajar sus comportamientos en el lugar de trabajo. Ahora ya sabría cómo mirar a la organización y a su entorno desde su puesto actual, qué significa realmente trabajar en equipo, o tomar decisiones, y qué puede suponer ser un generador de cambio dentro de una empresa. Y si tenía un equipo, por pequeño que fuera, ya debería estar en disposición de aplicar un liderazgo inspirador hacia sus colaboradores.

Porque el desarrollo de una competencia exige progresión, desde los niveles más bajos a los superiores, y esa progresión sólo se puede articular poniéndola en práctica con comportamientos, registrándolos, y analizando cómo lo estás haciendo.

 

La conclusión a la que llegamos es que, posiblemente, antes de pensar en cambiar de oficio, debería empezar por analizar sus comportamientos en relación a los Prescriptores del Valor.

Si realmente no estaba satisfecho con el contenido de su trabajo, adelante, lo mejor era detectarlo cuanto antes y ponerse en el horizonte un destino que le encaminara hacia otro tipo de actividades empresariales. Pero si amaba su trabajo, y al mismo tiempo quería progresar, quizás lo más acertado sería ponerse a desarrollar estas características tan relacionadas con un desempeño superior y exitoso en el trabajo.

 

 

Y a ti, ¿qué Prescriptor del Valor te ha sorprendido o interesado más? ¿Cuál te gustaría empezar a trabajar?

¡Cuéntanoslo en los comentarios de abajo, así como las dudas que te surjan para así poder ayudarte! Estaré encantado de hacerlo.

Acerca de José María Garrido


José María Garrido es el fundador de Fresh Mentoring y tiene como objetivo aportar todo lo que esté en su mano para el desarrollo de nuestro sector agroalimentario y, por lo tanto, de sus empresas. Para ello aplica su conocimiento y experiencia de 24 años como directivo en ayudar a sus empresarios y profesionales con conceptos y herramientas de organización y gestión que aumenten su valor y mejoren sus vidas.

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