Transformacion

Por José María Garrido Juango

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¿Crees que una transformación en año y medio es poco menos que imposible?

Cuando conocí a Tomás Carpone (nombre figurado) era un joven ingeniero agrónomo de 31 años, con un Master especializado en gestión de Industrias Alimentarias.

Encontré en él a un profesional de gran futuro, con coraje y fuerza, además de unas posibilidades de liderazgo extraordinarias. Ya desde el primer contacto se produjo una fuerte empatía y una importante conexión personal entre nosotros.

Pero, al mismo tiempo, Tomás estaba muy preocupado, e incluso angustiado: hacía poco más de un año que había asumido la responsabilidad de gestionar la empresa que su padre había creado desde cero,  muchos años atrás. El reto de llevar adelante aquella herencia de más de 100 empleados y 22 millones de facturación le tenía materialmente atenazado.

Por un lado, Tomás sentía la lógica desazón al compararse con la figura, profesional y empresarial, de su propio padre; por otro, la realidad de su empresa tenía poco que ver con la teoría que había estudiado en todos sus años universitarios. Además, era muy consciente de que su padre había entregado, materialmente, toda su vida al proyecto empresarial.

Su gran reto era tener capacidad y autoridad para gestionar y desarrollar aquella empresa  y, al mismo tiempo, no sentirse esclavo de ella: “Sólo quiero no tener que vivir como ha vivido mi padre”, me decía.

 

La cruda realidad

Por entonces la realidad era muy distinta a aquella con la que Tomás soñaba. La verdad es que las ventas iban muy bien desde que iniciaron, todavía en tiempos de su padre, las ventas en varios países de Europa. Los clientes les proponían más proyectos y más productos, pero Tomás se sentía agobiado e inquieto.

El peso de aquella responsabilidad, el trabajo sin descanso y el “todo me cae a mí” hacían que siempre estuviera nervioso. La soledad que sentía ante la toma de decisiones no le dejaba dormir por las noches:

  • No se fiaba ni confiaba en nadie, y no sabía cómo delegar.
  • Se encontraba absorbido por el día a día, sin apenas tiempo para la reflexión.
  • No tenía claro hacia dónde ir ni cómo hacer el camino.
  • Los clientes le proponían nuevas líneas de negocio, pero no sabía cómo crecer sin volverse loco.
  • Estaba muy poco satisfecho con cómo lanzaban los nuevos productos al mercado; estaba convencido que que muchos de ellos no funcionaban por hacerlo de aquella forma tan desordenada
  • Su encargado de producción siempre estaba de mal humor, y las decisiones que tomaba tenían que ser cumplidas por pelotas. El temor campaba a sus anchas por la planta; Tomás sentía que estaba perdiendo buenos empleados porque no se sentían bien en aquella empresa.

La soledad en la toma de decisiones lo mantenía agobiado, inquieto, paralizado

Tomás miraba lo que hacía su competencia con recelo y de manera reactiva; sentía un gran complejo de inferioridad frente a los grandes del sector.

Vivía encadenado a la empresa, sin tiempo para la familia (tiene dos hijos pequeños).

La incertidumbre sobre el futuro lo tenía atenazado.

 

Pero Tomás tenía madera de empresario: tenía voluntad, coraje y compromiso personal de llevar aquella empresa adelante, creía en los valores que su padre había establecido, y atesoraba una capacidad de liderazgo innata.

Su Visión era ser el mejor proveedor europeo de su sector. Y su orientación al Valor estaba fuera de toda duda: su deseo era desarrollar y engrandecer la herencia de su padre.

Es decir, Tomás tenía unos mimbres inmejorables para tener éxito y vivir más tranquilo. Tan sólo necesitaba un poco de ayuda, herramientas y sistemática de actuación.

Y nos pusimos manos a la obra.

 

Un cambio en 18 meses

18 meses después de trabajar juntos y de acompañarle en el gran desafío de transformar su organización, Tomás empieza a ver el futuro con seguridad y confianza. Un proyecto de empresa clarificado, una orientación a la generación de Valor más que al Beneficio, y sus propias características personales han sido las claves del inicio de un vuelco espectacular.

 

De tan sólo disponer de un Director Comercial que, por otra parte, aspiraba a ser él el nuevo Gerente de la compañía antes de la transición (y que dejó la empresa como consecuencia de una de las medidas de Tomás para afirmar su autoridad), tiene hoy un pequeño equipo de colaboradores cercanos y de confianza, con quien realiza reuniones regladas y organizadas.

Los procesos organizacionales, que no estaban definidos, están ganado en claridad, eficacia y eficiencia paulatinamente.

De vivir pensando exclusivamente en el día a día y de ir detrás de los acontecimientos, hoy dispone de una herramienta bien adaptada para definir su Plan Estratégico, que le permite tomar decisiones para afrontar el futuro. Su equipo ha iniciado el proceso de desplegar la estrategia al resto de la organización, con indicadores y objetivos claros para cada nivel.

De vivir obsesionado con la Cuenta de Explotación (resultados exclusivamente económicos), ha pasado a disponer de un Cuadro de Mando con el que sigue periódicamente los indicadores principales de su negocio. Centra sus actividades en el seguimiento de los resultados en clientes y empleados, y en reflexionar sobre el futuro. Cree firmemente que los resultados económicos son la consecuencia, no el foco principal.

Dentro de su organización no había nadie que se ocupara específicamente de la gestión del factor Humano. Hoy, quien ha asumido, junto a otras, la responsabilidad de RRHH, es una de las figuras más relevantes de su equipo: está desarrollando una Estrategia que tiene como objetivo obtener lo mejor de cada persona.

Estamos desarrollando un completo sistema de Gestión de Personas, y en unos meses incluiremos un sistema remunerativo acorde con lo que cada empleado aporta, algo absolutamente revolucionario y no habitual en el mundo empresarial. Su despliegue a nivel de operario será la siguiente fase, y esperaremos sus frutos a medio plazo.

Disponían de un sistema organizativo muy jerarquizado, con un sistema de mando basado en el poder de la posición en el organigrama: la gestión en base al temor.  Hoy, el liderazgo y el plan de comunicación se están convirtiendo en las herramientas esenciales de automotivación de los trabajadores. El camino hacia un ambiente de alto compromiso y al intercambio de conocimiento está trazado.

En lugar de preguntarte «¿qué puedo hacer para que mis empleados cambien y estén más motivados?», por qué no te preguntas «¿en qué debo cambiar la empresa para que mis empleados decidan comprometerse de manera natural?»

Como consecuencia, la actitud de los empleados ha dado un giro radical: han empezado a alinear sus capacidades con los objetivos, los problemas y los proyectos de la empresa de una manera natural. En lugar de pedirles a los trabajadores más compromiso, ha sido la empresa la que ha empezado a cambiar, y Tomás es el principal impulsor de esa nueva dinámica.

La lucha contra el despilfarro es uno de los principales objetivos, cuantificado ya en una reducción de costes no productivos de un 30% para los próximos tres años.

Los clientes, satisfechos con el producto y el servicio prestados, están impulsando a la empresa hacia el liderazgo de su nicho de mercado.

 

La transformación de Tomás

Tomás ya está camino de su sueño de vivir de manera diferente a como lo hacía su padre.

Sus colegas le miran con extrañeza: cada vez se le ve más relajado y sonriente.

Sus hijos le adoran desde que llega a casa a una hora prudente y cada día les ayuda con los deberes.

Después de dos años sin vacaciones, su mujer está encantada con el lugar que han decidido para este verano: “¡Va a durar todo un mes!”, afirma con una amplia sonrisa.

Su padre, que ha ido siguiendo los acontecimientos desde su atalaya de jubilado, está muy orgulloso de él; siempre confió en que este hijo fuera su digno sucesor…

Tomás Carpone está empezando a liderar su futuro.

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