responsable de calidad

Por José María Garrido Juango

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Hoy en día ya no hay ninguna empresa agroalimentaria, por pequeña que sea, que no tenga un responsable de Calidad y Seguridad Alimentaria en su plantilla. Sirva a modo de ejemplo que recientemente yo mismo realicé una selección de un profesional para este puesto para una pequeña empresa de tan solo… ¡13 empleados!, si bien es cierto que con una previsión de crecimiento inmediato hasta los 30.

Una de las razones principales de que esto sea así es que, afortunadamente, ya no hay empresa agroalimentaria que pretenda estar en el mercado sin sus correspondientes certificados (IFS, BRC, ISO 22000 o Global-GAP como los más habituales), y es para conseguirlos o mantenerlos para lo que, normalmente, el empresario se decide por la contratación de estos profesionales.

Además de la obtención y mantenimiento de las certificaciones, el responsable de Calidad agroalimentario se ocupa de otros tipos de documentaciones, que en sí mismas suelen ya incluirse en los Sistemas de Calidad certificados, como suelen ser las Fichas Técnicas de productos terminados que solicitan los comerciales para los clientes, las Especificaciones de materias primas, o los criterios de control del producto.

Pero no van mucho más allá. Ciertamente, el reto de la obtención de un certificado suele ser una época de ilusión y de empuje, en el que se intenta y muchas veces se consigue el apoyo de otras personas de la organización, y la obtención del mismo suele celebrarse como un gran éxito del conjunto de la empresa. Pero pasado un tiempo (corto) desde este subidón, el responsable de Calidad empieza a pasar a un segundo plano, va encerrándose en su mundo, hasta ocupar una posición muy poco relevante en la organización y, en cierto modo, a experimentar una fuerte sensación de ostracismo.

Quizás seas tú uno de ellos. Quizás tú sabes de lo que estoy hablando…

Sé que es duro aceptar esta realidad, que el orgullo nos impide a veces visualizar algo que tenemos delante de nuestras mismas narices, pero el hacerlo es el primer paso para encontrar soluciones y salidas a esa situación.

 

Inicios ilusionantes

Los responsables de Calidad agroalimentarios somos personas que amamos nuestra profesión, que en la mayoría de los casos la reconocemos como un trabajo vocacional.

Ya desde los estudios universitarios (si no antes) queremos ser técnicos alimentarios, y nos preparamos con la máxima ilusión para ello. Somos conscientes de la importancia que tiene la alimentación para las personas, de cómo los alimentos juegan un papel fundamental en la vida de la gente. Por eso queremos aportar nuestro esfuerzo en este sector, y el que los consumidores se sientan seguros y felices con las cosas del comer se convierte en el sentido profesional de nuestras vidas.

Esa realidad que he citado al principio de un mercado que obliga a las empresas agroalimentarias a obtener certificados de seguridad alimentaria nos abre las puertas de las empresas, y son los propios empresarios los que nos contratan y nos asignan la importante misión de cumplir con esos requisitos. Aunque no saben muy bien lo que significan, tienen claro que los necesitan para poder vender y estar presentes en el mercado. “Que no te falte de nada”, parecen decirnos, y con ese impulso y esas ganas nos ponemos manos a la obra.

Trabajo intenso durante varios meses, nervios previos a la auditoría, tensión durante la visita del auditor, varias no conformidades que solucionar, el compromiso de la mejora continua, y… ¡por fin nos dan el aprobado, casi siempre con nota!

Vemos orgullosos cómo el brillante certificado enmarcado es colocado en lugar preeminente de la sala de reuniones, en la recepción de las oficinas, o incluso en la propia pared del despacho del empresario.

Pero pronto, muy pronto (quizás a partir de la primera renovación) empezamos a notar que todo aquello se va como diluyendo, que cada vez se presta menos atención a las cosas que decimos, y vamos notando como si, poco a poco, nuestro trabajo fuera perdiendo relevancia.

 

La cruda realidad

¡No te lo puedes creer! La seguridad alimentaria es básica para la supervivencia y el futuro de la empresa, y tú eres su valedor en la misma. Así que, sin dudarlo un momento, te propones cambiar la mentalidad del responsable de Producción, del de Compras o del Comercial para que cumplan estrictamente con los requisitos que la norma (en realidad, se trata de tu interpretación de la misma) establece. Incluso te propones que esos mismos requisitos aumenten y sean cada vez más estrictos, en base a ese juramento compartido de mejora continua asumido por todos en su día.

Les pides que documenten cosas, que acudan a las reuniones del APPCC, que cumplan con los criterios, o que redacten informes. Pero cada vez lo hacen con más desgana, y llega un día que, incluso, dejan de hacerlo.

Animado por la fuerza de la verdad e investido  como guardián de las esencias, decides hablar con el empresario mismo sobre la necesidad de que se cumplan escrupulosamente los requisitos, a riesgo de… ¡perder el certificado!. Pero el jefe va dándote largas, y vas notando un rictus de molestia e incluso de enfado en su cara ante tus exigencias (porque, sí, le estás exigiendo en base a un bien superior llamado seguridad).

Hasta que un día él mismo te dice que “no tiene tiempo para acudir a la Revisión del Sistema por la Dirección”, y que “de esas cosas te ocupes tú, que ese es tu trabajo”. Y eso que, la última vez, conseguiste resolver tan importante reunión en tan sólo media hora…

¡Te sientes totalmente desconcertado y desanimado! La seguridad alimentaria es la base de una empresa de producción de alimentos, pero parece que tú eres el único que lo entiende… o el único que lo entiende así. La decepción y la desmotivación se apoderan de ti, y empiezas a encerrarte en tu mundo. Asumes que la renovación de las certificaciones es lo que se espera de ti, y ese es el único objetivo que te planteas.

 

Como todo el mundo está muy ocupado haciendo muchas cosas, tú también te auto-cargas de trabajo: preparación y atención a auditorías de clientes, documentación, preparación y atención a las auditorías de certificación, documentación, nuevo producto… documentación.

Un bucle del que ya no te planteas salir. Sigues creyendo que tienes un trabajo importante (aunque parece que eres el único que lo piensa); de vez en cuando te quejas y dices a quien te quiera escuchar que “tus opiniones deberían ser tenidas más en cuenta, porque eres el de la seguridad”, y tu ética profesional te hace cumplir con tus objetivos, pero si te comparas con el de Producción, el de Ventas o el de Administración, hay que reconocer que tu trabajo en el conjunto de la empresa es bastante irrelevante.

Después de algún tiempo empiezas a plantearte que el mal menor es que te dejen hacer tus cosas tranquilo, cobrar tu nómina a fin de mes (que no pasará mucho de los 20-25.000€ brutos/año), y seguir viviendo. Eso sí, con tus ilusiones de hace años hechas añicos.

 

No eches las culpas a otros: tú eres el único responsable

Hace unos cuantos años, durante la entrevista anual, una de las analistas del laboratorio de la empresa en la que yo era Director de Calidad me preguntó sobre cuánto iba a subirle el sueldo para el siguiente año. Le respondí que ya había llegado al tope establecido para su puesto de trabajo, y que por tanto su subida salarial a partir de ese momento seguiría los movimientos decididos en al negociación del Convenio Colectivo. Frunció el ceño, y me manifestó que no estaba de acuerdo con ese salario, debido a que “mi trabajo es de suma importancia, ya que realizo los análisis microbiológicos, y eso es fundamental para esta empresa”. Corroboré sus palabras, reafirmé la importancia de su trabajo… al igual que la del resto de los 1.200 empleados de la empresa. Y que por eso las actividades y las responsabilidades de su puesto estaban valoradas en relación a su aportación a las necesidades del conjunto de la empresa, con el salario establecido.

¿Qué quiero decirte con esta anécdota? Que una cosa es lo que uno piensa sobre la relevancia de su trabajo, y otra muy distinta es lo que piensan los demás y, sobre todo, el valor real y objetivo que aportas a la empresa en la que trabajas, visto por el empresario que es quien te ha contratado.

Una cosa es lo que tú piensas sobre la importancia de tu trabajo, y otra lo que otros valoran sobre tu aportación a la competitividad de la empresa

Todos estamos de acuerdo en que la inocuidad del producto no es negociable en  una empresa agroalimentaria. Es algo que debe conseguirse, que se da por supuesto, y cualquier empresario hoy en día lo tiene claro. Pero la seguridad alimentaria tiene un doble problema para ti como profesional:

  1. No es medible de una forma claramente objetiva. Sí, ya sé que hay muchas analíticas, valoraciones y datos posibles, y que deben seguir estando ahí, por supuesto. Pero todos sabemos que determinar un nivel suficiente en esta materia no es posible, que se puede seguir aumentando la inversión y el gasto hasta el infinito, sin que ello venga avalado por resultados que lo justifiquen. El propio concepto de diligencia debida, tan utilizado en los países anglosajones, así lo demuestra: tú (la empresa) decides hasta dónde llegas, y te atienes a las consecuencias. Y ya sabemos cómo va esto de las consecuencias en términos de inocuidad alimentaria: puede que nunca pase nada haciendo las cosas regular, o podemos tener un disgusto haciendo las cosas muy bien; todo es cuestión de probabilidades que, por cierto, tampoco podemos cuantificar. Por eso, lo habitual es colocar la línea de suficiente en el mantenimiento del certificado correspondiente.
  2. No aporta ventajas competitivas a la estrategia del negocio. Sí, es imprescindible, no es negociable, y por eso todo el mundo lo aplica ya. Pero tener mayor o menor nivel de seguridad no aporta ventaja competitiva a la empresa, no la hace más elegible por el cliente o el consumidor. Si no la gestionas, simplemente no te compran y no sobrevives; pero si la tienes, no aporta diferencias.

 

¡Esto es lo que hay! Si tu trabajo se centra en exclusiva a gestionar la seguridad alimentaria de tu empresa estás haciendo algo imprescindible (por eso tienes trabajo), pero:

  • haces algo que no es medible, ni su incremento o decremento son claramente justificables: se basan en la fe; y
  • tu trabajo no sirve para mejorar la competitividad de tu empresa, cosa que, hoy en día más que nunca, es clave.

En esta situación, tampoco es de extrañar que no estés en el Comité de Dirección, ni que dependas orgánicamente del Gerente. Estás «colocado» por entre el organigrama de Producción, con más pena que gloria.

Porque, además, ¿qué valor diferencial aportas tú frente a otros profesionales que pueden hacer ese mismo trabajo? ¿Cómo puedes defender que tú eres el valioso, cuando hay muchos colegas tuyos capaces de obtener certificados IFS? (Y no me digas que tú sabes mucho de tu producto, porque eso se aprende en 6 meses).

Como responsable de seguridad alimentaria en exclusiva, simplemente cumples cuando certificas y renuevas el certificado, pero debes reconocer que, limitado a ello, tu trabajo es prácticamente irrelevante.

 

Y, sin embargo, tu empresa y tu Gerente tienen muchas carencias, muchas necesidades. Y tampoco sois tantos con una cierta cualificación y capacidad como para que no haya posibilidades serias de que tu aportación de valor aumente.

De que empieces a hacer cosas que impacten directamente en el mejor funcionamiento y competitividad de tu organización.

De que dejes de quejarte y salgas del agujero en el que estás metido para poner de manifiesto el calado de profesional del que estás hecho.

¡Rompe el huevo, o quédate como estás! Pero no le eches la culpa a nadie de lo que ocurra, porque tú eres el único responsable.

 

¿Que qué puedes hacer? Bueno, para abrir boca, puedes pasarte por este post, éste otro, o por este tercero. Pero me comprometo contigo a darte pistas concretas sobre cómo hacerte imprescindible en tu empresa en próximas entradas de este blog.

  • Buenas tardes, soy Responsable de Calidad en una empresa de envases para la industria alimentaria y en el post describes bastante bien la realidad que nos encontramos. Soy licenciada, tenía 8 años de experiencia en industria alimentaria, 4 de ellos como responsable, entré hace dos años con una promesa de mejora de condiciones y mejora salarial al año y después de 2 años y haber mejorado de forma inimaginable el sistema de gestión de calidad me han denegado la subida ( después de haberlo pactado verbalmente en mi incorporación). Así que hoy me siento bastante poco valorada y parece que solo yo se la importancia de mi trabajo. Cómo bien dices suele ser vocacional, no se bajar la intensidad, no se dejar cosas sin hacer,…. En fin, seguimos en la lucha. Gracias por el post

    • Hola, Patricorsal, y muchas gracias por tu comentario.
      La verdad es que planteas un caso que, si es tal y como lo describes, demuestra poca ética por parte de tu(s) responsable(s).
      ¿Has preguntado por los motivos para este cambio de postura? ¿Has podido tener una conversación pausada con quien acordó contigo las condiciones?

      A partir de ahí, sólo puedo decirte una cosa: tal y como se está moviendo hoy el mundo, lo importante ERES TÚ.
      Es lo que intento reflejar en este otro post que te invito a leer y a reflexionar.
      Una vez que lo leas, si quieres podemos seguir comentando sobre el tema.
      Un saludo

  • desde luego si existen profesionales como tú que opinan esto… no es de extrañar que luego difícilmente se valore el trabajo de un resp. de calidad, el de producción produce pero sin certificado no vender… así que es importante, una vez mi jefe me dijo que de la obtención de un certificado dependían varios puestos de trabajo, ya que si lo perdíamos, perderíamos a un cliente bastante potente… se ve que trabajar con dicha presión no es suficiente para que ciertas personas valoren tu trabajo…
    es bastante frustrante ver que profesionales del «gremio» opinan así…

    seguro que ahora le das la vuelta, que yo no quiero ver… la realidad es que gracias a profesionales como tú los responsables estamos vistos como el pesado de turno… y no nos valoran

    • Muchas gracias por tu comentario, Francisco.

      El artículo comienza diciendo que, afortunadamente, hoy en día no hay empresa agroalimentaria que no tenga en plantilla un Responsable de Calidad. Efectivamente, sin una certificación en Seguridad Alimentaria hoy es prácticamente imposible permanecer en el mercado.
      Afortunadamente, la Seguridad Alimentaria no es negociable, y su certificación es un «must» hoy en día.
      Pero por esa misma razón, la certificación no es diferencial (todos la tienen), y toda actividad que no aporta diferenciación a la empresa, aunque sea necesaria, es poco relevante, y los empresarios, que no tienen un pelo de tontos, así lo valoran y lo remuneran.

      Lo que quieren (y lo que necesitan) es ACCIÓN y trabajo que resuelva sus problemas, sus necesidades, sus proyectos y sus desafíos, mediante aportación de Valor: en el planteamiento estratégico, en la mejora de eficacia y eficiencia de los procesos, en el producto, en la planificación y organización del trabajo, en la satisfacción del cliente, en la defensa de la competencia, en el compromiso de los empleados, en la valoración de los entornos, en la calidad de las reuniones y el trabajo en equipo, en el liderazgo de los mandos, en la comunicación interna, etc.

      Se da el caso de que, en muchas empresas agroalimentarias, el Responsable de Calidad es de los pocos empleados (si no el único) con formación de alto nivel (universitaria, máster, idiomas…). El limitarse durante años al «mantenimiento de certificados», siendo un trabajo IMPRESCINDIBLE que hay que seguir haciendo, es un desaprovechamiento de capacidades, dadas las necesidades y carencias de nuestras empresas, del que sólo es responsable el propio profesional.
      Con este artículo y otros relacionados pretendo llamarles la atención sobre ello y animarles a «salir de la cueva» para que detecten esas oportunidades, las aprovechen aportando mucho más, y que eso les permita brillar con luz propia porque están ayudando a resolver los retos que tienen sus empresas.

      Te aseguro que a los empresarios les importa un bledo lo que opinemos personas como yo; tienen muchas otras preocupaciones de las que ocuparse.

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